DIGNIDAD: EL VERTEDERO HUMANO DE LA POLÍTICA LLEVADO AL TEATRO - Canal Hablamos

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17 junio 2019

DIGNIDAD: EL VERTEDERO HUMANO DE LA POLÍTICA LLEVADO AL TEATRO



"Yo les tenía que hacer una transferencia legal para blanquear dinero, vamos, corrupción política total”. “Me da cosa gastarme dinero mío... en estas cosas. Es una brasileña, una alta que estaba, que está muuu buena”. “A la que tenga las tetas más gordas se lo das”. “¿La factura la quieres con o sin IVA?” Resulta probable que hayan escuchado algunas de estas conversaciones reales de políticos de distintos partidos aunque igual no conozcan el contexto exacto de cómo se llegó a ellas. Si desean indagar en las corruptelas políticas y en el valor de la amistad  deben visitar el Teatro Marquina, pues será la única vez que puedan ser testigos  y cómplices sin  tener que declarar por ello.

Ignasi Vidal, autor y director de la representación, nos invita a colarnos en el despacho de la sede de un partido político. Allí permanecen reunidos Francisco (Jorge Kent), líder del partido y la esperanza de renovación, y Alejandro (Fernando Gil), secretario de organización de la formación. Ambos, además comparten amistad y batallas conjuntas, aunque el fuego amigo pueda resultar el más mortal. Entre copa y copa de whisky irán saliendo temas personales, deseos, ilusiones y miedos a los que darán paso reproches, ambiciones y confesiones malsanas.

Con solo leer la sinopsis de la obra podemos hacernos una pequeña idea del contenido de la representación y de la actualidad de algunos de los planteamientos. En un momento donde la cartelera teatral está plagada de comedias de enredos, de superproducciones musicales y dramas sentimentales celebro y brindo (aunque sea sin whisky) que también haya espacio para obras de temática política y/o sociológica. No porque supongan una innovación en este género, pero sí porque lo enriquece; además de servir de termómetro de una sociedad fuertemente ideologizada donde la política copa portadas y ocupa gran parte de nuestras conversaciones diarias. En definitiva, un acierto por parte de todo el equipo llevar a escena esta producción teatral.

Reconozco que cuando me interesé por esta representación, movido como he dicho por su carga de actualidad y novedad, tuve dudas sobre la forma de combinar la moral y la política. No podemos venir de neófitos, pecar de inocentes y obviar que tanto en este campo como en muchos otros existen presiones, intereses creados y maniobras al límite de la legalidad. Mientras visionaba la representación, estos temores fueron despareciendo porque el libreto no transita entre moralinas baratas ni reflexiones baladíes. Ignasi Vidal, actor en numerosos musicales y con un extenso currículum televisivo,  realiza un fabuloso trabajo como dramaturgo al construir un relato ficticio pero con altas dosis de realismo. El libreto está compuesto por un doble lenguaje (contundente y simbólico) que da paso a un metalenguaje y sirve, ente otras cosas, para explicar el título de la representación; además de ir en consonancia con la fortaleza, lucidez, contundencia y belleza estilística del prólogo en el programa de mano escrito por el periodista Alberto D. Prieto.


Vidal, quien puso el listón alto con la adaptación teatral de su libro El plan, vuelve a demostrar su ingenio y sus dotes literarias al no dar masticado al espectador lo representado en escena. Dicho de otro modo, el dramaturgo expone las luchas de poder dentro de los partidos, la instrumentalización de los cargos para el enriquecimiento personal, el cinismo como forma de vida y la traición valiéndose de la confianza; todo ello, sin hacer referencia expresa a ninguna formación ni personaje político. Es labor del respetable, si así lo estima conveniente, la de poner rostros, nombres y apellidos y personificar la actitud de los protagonistas. En este sentido, otra de las esencias de la representación es realizar una radiografía y clarificar las relaciones entre los tres actores de la comunicación política: el sistema político, el entramado de los medios de comunicación y el ciudadano, elector. Me fascinó cómo en un momento determinado se realizó una comparación entre el mundo teatral y el político, donde dichos actores pasaban a serlo de teatro y se escenificaba de forma clarividente las sinergias tóxicas entre ellos.

Por otra parte, la estructuración del relato y sus tempos narrativos son correctos (aunque en los primeros compases de la función, a mi juicio, introdujera historias pasadas con dudosa concordancia con la trama central) así como el ritmo ágil e in crescendo que culmina con un final escalonado sorprendente, con un uso pertinente de la videoescena de la mano de Kike Narcea. Quizá la forma de cerrar la representación transmita un cierto escepticismo, decaimiento y pérdida de confianza en la política o quizá, si le damos la vuelta, sirva para ejemplificar el gatopardismo lampedusiano “que todo cambie para que todo siga igual”. Juzguen ustedes después de verla.

El actor, dramaturgo y cantante barcelonés también está al frente de la representación y consigue materializar lo anteriormente expuesto. Con solo dos actores en escena los diálogos deben ser, como así ocurre, rápidos y atrayentes para evitar la pérdida de atención del espectador. La puesta en escena, la profundidad de algunos diálogos formulados con simpleza, el tira y afloja de los protagonistas como si de un interrogatorio se tratara me recordó a la categoría teatral del subtexto, todo aquello que está por debajo del personaje teatral, al significado profundo y que da sentido al papel interpretado; en definitiva, responde al “por qué”. De nuevo, muy relacionado con el título de la obra y su etimología.

Los encargados de liderar el viaje a las entrañas de la política son dos curtidos actores cuyo trabajo es sobresaliente. Si no fuera porque su vocación fuera esta, cada uno en su papel podría haber tenido futuro en la empresa de lo público, el Estado. Bromas aparte, en el terreno teatral se complementan a la perfección por las diferentes formas de ser y de concebir la vida, la política y la camaradería de sus respectivos personajes; pues más allá de los intríngulis y las cloacas del poder, este es un relato sobre la amistad.


El primero en salir a escena, antes incluso del comienzo de la obra, es Jorge Kent como Francisco, líder del partido a quien todas las encuestas le sitúan como presidenciable. Podría cansarme de ver a este actor en escena, pues le he seguido en montajes anteriores (Cronología delas bestias, Luces de Bohemia, o El idiota) pero me ocurre todo lo contrario. En cada actuación aporta un registro diferente, y no me refiero solo a las características de sus personajes y sus cambios físicos, y siempre con un semblante y actitud reflexiva. En este caso, si me aceptan el símil taurino, es el encargado de torear la conversación y de ir domando a su interlocutor hasta conseguir llegar al estoque final. En términos teatrales, Kent imprime calma a la representación sin llegar a dormirla y con su grave y dulce voz enuncia lúcidas reflexiones morales tiñendo a su texto y a la obra en su conjunto de dignidad.

A su lado, le acompaña Fernando Gil, quien encarna a un animal político dentro de su formación y quien intenta justificar sus malas artes con todo lo que supuestamente ha dado a su partido. Su actitud pragmática, cinismo e indignidad creciente (puesto que una de sus acepciones hace referencia inherente al ser humano) es genialmente interpretado por este todoterreno de las artes escénicas con más de una decena de participaciones en películas y más de una veintena en series televisivas y construcciones teatrales. Resulta difícil superar la sublime actuación como protagonista en El Idiota, hace escasos meses, pero con un registro completamente diferente consigue estar a la altura. Resulta emocionante la metamorfosis de su personaje, su actitud camaleónica y cómo intenta solventar sus carencias con gritos y aspavientos inútiles, interpretados todos ellos con suma elegancia por este actor madrileño. 

La construcción escenográfica, a cargo de Alessio Meloni, recrea el despacho de un político no al uso, quizás en consonancia con la actitud libre del líder del cambio. El decorado estratégico, a diferencia de otras obras, no cubre la totalidad de la parte trasera, sino que está anclado de forma descendente, quizá como premonición del futuro de alguno de sus protagonistas. Donde no existen dudas es en la belleza escénica de los instantes más tensos marcados por las situaciones de poder, los cuales nos dejan planos y ángulos cinematográficos. Estos vienen potenciados por la iluminación intimista, a cargo de Felipe Ramos, y por una atmósfera de tensión. La música, a cargo de Javier Pérez, Malpaso solo entra en acción con el final de la representación pues, a diferencia de otras obras, el hilo musical del comienzo es sustituido por una entrevista radiofónica preludio de lo que verán en escena. Dignidad o falta de ella.



Dos curtidos actores protagonizan un thriller político lúcido, reflexivo, profundo y con enorme Dignidad


Alberto Sanz Blanco
Periodista

Autor: Ignasi Vidal
Reparto: Fernando Gil y Jorge Kent.
Lugar: Teatro Marquina (Calle de Prim, 11, 28004)

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