LA TERNURA: SENTIMIENTO ENVUELTO EN LA MEJOR AVENTURA TEATRAL - Canal Hablamos

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10 junio 2019

LA TERNURA: SENTIMIENTO ENVUELTO EN LA MEJOR AVENTURA TEATRAL



Cuántas veces habremos pensado o actuado de una forma porque así nos lo ha dicho alguien. Quizás inducidos por un argumento de autoridad o quizá por tratarse de una persona cercana a nosotros cuyo objetivo era protegernos. Y cuántas veces ese alguien estaba equivocado. Si desean disfrutar sin complejos de una magnífica comedia de aventuras, romances y giros inesperados no tienen por qué hacer caso a esta crítica, solo deben acudir al Teatro Infanta Isabel.

Alfredo Sanzol, autor y director de la representación, nos transporta a mediados del siglo XVI coincidiendo con la derrota de la Armada Invencible. En ese barco viajaban La Reina Esmeralda (Elena González) y sus dos hijas, princesas Salmón (Sandra Ferrús) y Rubí (Eva Trancón), obligadas por el Rey Felipe II a casarse en matrimonios de conveniencia con algún noble inglés. Sin embargo, el odio de la matriarca hacia los hombres le lleva a viajar junto a sus hijas a una isla indeterminada con la esperanza de estar solas. El problema comienza cuando descubren que ese lugar está habitado por un leñador (Juan Antonio Lumbreras) con sus dos hijos  Azulcielo (Carlos Serrano) y Verdemar (Paco Déniz), quienes huyeron para, precisamente, alejarse de toda presencia femenina. Estos cuatro personajes, con intereses comunes aunque opuestos, estarán condenados a convivir y quién sabe si a entenderse.


Al leer por primera vez la sinopsis de la obra hace casi un año –cuando estaba en el Teatro de la Abadía– me impresionó gratamente; quizá, porque en la cartelera, a pesar de su variedad, estamos acostumbrados a comedias de enredos, dramas y musicales y no a relatos donde la imaginación y la fantasía sean las protagonistas. Si hacemos una mirada comparada al universo literario, la novela de aventuras ha sido y sigue siendo uno de los grandes géneros; sin embargo, el teatro parece haberse quedado huérfano del mismo. Hasta ahora.

El dramaturgo y director Alfredo Sanzol, en un alarde de ingenio, crea y dirige esta comedia romántica de aventuras con un resultado sobresaliente; más aún si cabe después de haberse alzado con uno de los galardones más prestigiosos otorgado por los profesionales de las artes escénicas (Premios Max) al mejor espectáculo teatral del presente año. El libreto está inspirado en algunos de los textos de Shakespeare, a los que hace algún giño en la obra, y cuenta con elementos de las comedias de equívocos; pero todo ello, desde una visión contemporánea. Podemos hablar, por tanto, de una vuelta al teatro clásico con una mirada moderna; siendo, a mi juicio, una de las obras más completas actualmente en cartelera y que puede sentar precedente para otras futuras.

Sanzol –al frente de montajes como, La valentía (2018), La Respiración (2016) o La Calma Mágica (2014) – basa su obra en la ridiculización de los estereotipos de género con gran sutileza, chispa y acierto. Detrás de las situaciones rocambolescas de los protagonistas, de los alocados y divertidos giros dramáticos y de las comparaciones ingeniosas que arrancan la risa de los presentes hay un sustrato muy valioso y simbólico en relación a la lucha de géneros formulada desde una mirada reflexiva. Mientras visionaba la representación me vino a la mente la alegoría de la caverna de Platón. Los personajes reformulan la dualidad del mundo sensible (conocido a través de los sentidos) y del mundo inteligible (solo alcanzable mediante el uso exclusivo de la razón) en materia de género. Cuando consiguen desatarse y despojarse, de forma simbólica y real, de las vendas y corazas que les nublan consiguen entender el significado del título de la representación.


Sanzol se desdobla de su faceta de dramaturgo y también está al frente de la dirección. Su experiencia teatral y literaria (Premio Nacional de Literatura Dramática) le lleva a plantear escenas ágiles, ligeras y divertidas. A pesar de las dos horas de duración no tuve la sensación de pesadez y, a juzgar por las risas y el entusiasmo del público, creo que la percepción es compartida. De su dirección me fascinó, y es otra de las virtudes de esta representación, la narración multifocal de este relato de aventuras que comienza con una sugerente voz en off.  En algunos momentos los protagonistas formulan la situación, desde su punto de vista y en primera persona, en forma de profundos soliloquios como si de una confesión vital se tratara. Este y otros recursos, como las sonatinas y villancicos pastoriles, el hilo musical de fondo, creación de Fernando Velázquez, y la iluminación multifocal y prácticamente cenital, por Pedro Yägue, permiten mantener y acrecentar el interés del público y dotar a la obra de un aire mágico y poético.

El reparto consigue escenificar lo anteriormente expuesto y hacer casi visible el sentimiento de amor o cariño puro y gratuito, por su dulzura, debilidad o delicadeza, hacia algo o alguien; o dicho de otro modo, convertir la ternura en una realidad física y palpable. Además, los seis artistas en escena, ponen de manifiesto otros planteamientos como la sobreprotección materna o la mirada paternalista, no siempre con el objetivo deseado, y, a su vez, cumplen con el propósito inicial del dramaturgo y director: “una comedia romántica de reyes frágiles, y reinas soñadoras, leñadores miedosos y pastoras tempestuosas, seres mágicos, situaciones imposibles, amores posibles, cambios de identidad” y un largo e interesante etcétera que los espectadores descubrirán.

Desde el mundo lujoso e imperial llegan la reina y sus dos hijas quienes –si me permiten la broma y como homenaje al maestro Narciso Ibáñez Serrador– en su primera aparición me recordaron a Las hermanas Hurtado, más conocidas como “Las tacañonas”. La primera, con nombre de piedra preciosa, es interpretada por una gran Elena González. Esta actriz, curtida en teatro clásico, pone el listón más alto, interpretativamente hablando, y clava la actitud sofocada, angustiosa y pasional de una madre preocupada en demasía por sus hijas. González recita su texto con convicción, fortaleza y coraje sin perder la elegancia y semblante imperial. La actriz valenciana Sandra Ferrús, con numerosas participaciones en conocidas series televisivas, da vida a la princesa Salmón y nos regala una interpretación fresca, alegre y divertida de un personaje de espíritu libre y valiente. A su lado, le acompaña Eva Trancón, en el papel de Rubí. La actriz jaraiceña hace honor a las propiedades de esta piedra preciosa y aporta robustez y dureza a su personaje. Además, estas dos actrices, hermanas en la obra, ejemplifican a la perfección el proceso de enamoramiento.


El mundo rural, afable y cercano viene de la mano del leñador y curandero y sus dos hijos. El padre es interpretado por un genial Juan Antonio Lumbreras. Este actor, participante en comedias televisivas como Aquí paz y después gloria o BuenAgente, nos regala las actuaciones más histriónicas acompañas de un agudo y desternillante tono de voz, propios del teatro con predominio de la farsa y pantomima. El menor de los hijos, Azulcielo, es interpretado por Carlos Serrano, con trabajos anteriores en teatro (Antígona), cine (Mentiras y gordas) y televisión (Presunto culpable). Este actor alicantino es, desde mi óptica, el más polivalente de la representación. Su actuación comienza con dulzura e inocencia y termina con garra y dramatismo. Le acompaña el Paco Déniz, actor con más de una treintena de obras teatrales, en el papel de Verdemar, quien destaca por su robustez y fortaleza escénicas que dan paso a una curiosa vis cómica.
Todo el protagonismo de la obra está en el libreto y en la interpretación de los actores y actrices; por tanto, es coherente que el espacio escénico quede prácticamente vacío. Así ha sido diseñado por Alejandro Andújar; no obstante, el uso de la videoescena podría haber encuadrado de forma más precisa las situaciones. El vestuario, también a cargo de Andújar, es fundamental en la obra, pues con él quedarán ocultos los atributos de los personajes y, al deshacerse de ellos, verán la luz y la ternura.

Una comedia romántica de aventuras sobre la ridiculización de los estereotipos de género en una vuelta al teatro clásico de mirada moderna con una interpretación cargada de Ternura

Alberto Sanz Blanco
Periodista @albertoSBlanco

Autor y director: Alfredo Sanzol
Reparto: Paco Déniz, Llum Barrera, Natalia Hernández, Carlos Serrano, Juan Antonio Lumbreras y Eva Trancón
Ayudante Dirección: Beatriz Jaén
Diseño Escenografía y Vestuario: Alejandro Andújar
Diseño Iluminación: Pedro Yagüe
Música: Fernando Velázquez
Lugar: Teatro Infanta Isabel (Calle del Barquillo, 24, 28004 Madrid)

2 comentarios:

  1. Hola. Soy un viejo conocido de Eva Trancón de su pueblo. Le dí clases de bailes regionales cuando era una niña y me gustaría saludarla pero no sé cómo contactar con ella. Si me pudieran facilitar un e-mail o algo, les estaría muy agradecido. Era para darle mí enhorabuena y saber si me recuerda. Un saludo. Gracias.

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    1. Hola. Muchas gracias por leer el post. Nosotros no disponemos del contacto de la actriz, pero puede que sus representantes le ayuden: https://www.unicarepresentaciones.com/contacto

      Saludos

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