PÁNICO: PSICOLOGÍA TEATRAL A PRUEBA DE RELACIONES HUMANAS - Canal Hablamos

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31 agosto 2019

PÁNICO: PSICOLOGÍA TEATRAL A PRUEBA DE RELACIONES HUMANAS



Cariño, ¿Por qué no nos tomamos un tiempo y reflexionas sobre nuestra relación? Esta es la insinuación más dura que alguien puede decir en una relación por significar el principio del fin. Muchos son los caminos a seguir, todos inciertos, pero solo una es la solución. Si desean poner nombres y rostros a estas y otras reflexiones, las puertas del Teatro Luchana están abiertas.

Mika Myllyaho, en esta versión de Fernando J. López, nos invita a colarnos en el piso de Max (Felipe Andrés). Su amigo Leo (Luis Flor) llega de madrugada de forma inesperada con unas copas de más. Lo que podía ser una visita protocolaria para recordar viejos tiempos en su época de boyscouts termina por convertirse en un dilema para ambos. Leo le suplica ayuda a Max para encontrar una respuesta a su presunta crisis de pareja y este tras varias negativas y reticencias accede, aunque todavía no sepa la difícil situación que está atravesando, él mimso, y sus duras consecuencias, precisamente, tras la ruptura con su mujer. El camino de Max, después de terapias fallidas, es el de la observación de uno mismo mediante la meditación e introspección. Cuando ambos amigos parecían entenderse entra en juego Joni (Mon Ceballos), hermano de Max y amigo también de Leo. Su forma de actuar y ver el mundo es opuesta a la de su hermano y está basada en el pragmatismo y la elusión de los problemas. Esta terapia conjunta transitará entre situaciones inverosímiles y cómicas con el fin de sacar adelante sus caóticas vidas y quién sabe si, de una vez por todas, cada uno será capaz de afrontar sus respectivos problemas vitales como adultos.

El dramaturgo finlandés, autor de obras como Paniikki (2005) o Caos (2008), demuestra, con este libreto, ser un creador original y visionario por presentarnos una tragicomedia contemporánea novedosa en forma y fondo. A simple vista podría tratarse de una de las muchas representaciones sobre las relaciones de pareja, normalmente nefastas, con la correspondiente crisis de los 30, sin embargo esta obra va mucho más allá. Tal y como recoge el propio Mika Myllyaho en el programa de mano su texto habla del amor y el miedo. Dos sentimientos capaces de llevarnos a nuestros límites; aunque quizás ahí sea donde podamos tomar conciencia, como así ocurre con estos tres personajes, de nuestros miedos e inseguridades. Un miedo que de forma lenta y silenciosa puede ir transformándose en algo más, como por ejemplo en el título de la representación.


Hechas estas reflexiones, quizá puedan preguntarse dónde está el humor en esta obra y la respuesta es simple: en la forma de interactuar entre ellos y conocerse a sí mismos. Por ello, estamos ante un comedia madura, de humor inteligente y perspicaz con un enorme componente psicológico. Este último es esencial en la representación por ser el eje de la misma y, a mi juicio, la obra propone una especie de terapia incorporada para el espectador. No obstante, hubiera sido deseable abrir la representación e introducir alguna otra subtrama para hacer más llevadera las escenas centrales donde las conversaciones y la acción entran en bucle. De forma afortunada, la obra va cogiendo ritmo narrativo y rápidamente, gracias a momentos disruptivos y catárticos, consiguió recuperar mi interés y salir con una grata sensación. Esta inteligencia viene de la mano del prolífico novelista, dramaturgo y director teatral Fernando J. López, el encargado de firmar esta versión.

La dirección de la obra recae en Quino Falero, al frente de más de una veintena de construcciones teatrales como La Lista de mis deseos (2018), #malditos16 (2016) o Las harpías en Madrid (2016). Su trabajo es sensacional y, sobre todo, me fascinó el juego de los tempos escénicos: en algunos instantes la representación parece dormitar y de forma repentina ocurre algo que la dinamita. Este ritmo lo considero esencial dada la fuerte y profunda carga psicológica de la obra. Mientras visionaba la representación me vino a la mente “El movimiento pánico” fundado por el dramaturgo y cineasta Fernando Arrabal, quien definió este término como “la crítica de la razón pura, es la pandilla sin leyes y sin mando […] es el himno al talento loco, es el antimovimiento, es el rechazo a la 'seriedad', es el canto a la falta de ambigüedad... Es el arte de vivir, es el principio de indeterminación con la memoria de por medio... Y todo lo contrario”. Todas estas palabras son una perfecta aproximación a la obra que lleva este movimiento por título.


Los encargados de materializar el libreto son tres conocidos actores, todos ellos a la altura de la representación. Con los roles variopintos de sus personajes serán quienes protagonicen divertidas y alocadas escenas mientras, de forma inconsciente, el espectador reflexiona. Luis Flor, en sustitución de Guillermo Ortega, da vida a Leo, un hombre locuaz y deslenguado pero sobre todo atónito, tanto a la situación que está atravesando (su todavía pareja le ha pedido reflexionar) como a la solución propuesta por los hermanos. Ese aturdimiento, quizá en demasía, es interpretado con gracia y donaire por este actor, participante en películas como La espina de Dios (2015), El porvenir (2018), o Casa (2019).

Felipe Andrés interpreta a un timorato Max, quien a pesar de ser incapaz de superar su ruptura intenta ayudar a su amigo, aunque ese favor termine por beneficiarle, y hasta aquí puedo leer. La actitud introvertida, medida y simbólica es genialmente interpretada por este actor participante en montajes como El fantástico Francis Hardy, curandero, –por el que recibió el Premio de la Unión de Actores 2014 como mejor Actor Secundario– o Bodas de Sangre y múltiples series televisivas. Su visión budista de la vida choca con la de Joni, presentador de un conocido programa televisivo, a quien da vida Mon Ceballos. Este actor, con más de una quincena de obras teatrales e innumerables participaciones televisivas, es el aire fresco de la obra y el encargado de avivar las relaciones entre sus amigos. Sus arrebatos neuróticos, su obsesión por el manos libres y la visión narcisista hacia su persona son interpretados con brillantez e histrionismo y provocan fuertes risotadas entre los presentes.

La construcción escenográfica, a cargo del condecorado Arturo Martín Burgos es simple pero efectiva y recrea a la perfección un apartamento diáfano de estilo moderno, donde transcurre toda la acción. Sin duda, dicha construcción viene complementada por el pertinente uso de la videoescena, a cargo de Jesús Rivera. Además, la integración tanto en la obra (en su conjunto) como en el relato propio es sensacional y potente como así puede comprobarse al inicio de la representación y en los coletazos de la misma. Algo similar sucede con la cuidada e intimista iluminación a cargo de Pilar Velasco y los efectos sonoros de Daniel Galindo. Todos estos ingredientes son potenciadores de la acción y ayudan al espectador a sumergirse en el Pánico.


Tres hombres unidos por el amor y el miedo serán los protagonistas de una terapia grupal en una obra innovadora, madura, compacta, de humor inteligente y con fuerte carga psicológica que hará sentir Pánico.


Alberto Sanz Blanco
Periodista

Autor: Mika Myllyaho
Versión: Fernando J. López
Dirección: Quino Falero
Reparto: Guillermo Ortega (Luis Flor), Felipe Andrés y Mon Ceballos
Lugar: Teatro Luchana (Calle de Luchana, 38, 28010)


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