LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE ERNESTO: CUANDO EL NOMBRE SÍ IMPORTA Y EL TEATRO LO REFLEJA - Canal Hablamos

NUEVO

18 septiembre 2019

LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE ERNESTO: CUANDO EL NOMBRE SÍ IMPORTA Y EL TEATRO LO REFLEJA



¿Saben ustedes cuál es uno de los primeros derechos fundamentales del ser humano desde el nacimiento que perdura incluso más allá de la vida? Efectivamente, el nombre. En las sociedades modernas la forma de referirse a una persona identifica un atributo de su personalidad; en el aire está si el nombre configura, también, la forma de ser o nuestro destino. Si desean conocer a uno de los hombres más famosos de la literatura universal, cuyo nombre sí tiene importancia, pueden visitar la sala Cándido Lara del Teatro Lara.

El dramaturgo Ramón Paso regresa a la sala grande de este histórico teatro para acercarnos la obra más conocida del también escritor, poeta y dramaturgo inglés, Oscar Wilde. En esta versión, del propio Paso con la traducción de Sandra Pedraz Decker, el espectador revivirá el amor de dos mujeres por un hombre que no existe, Ernesto. Por un lado, Jack Worthing (David Degea) es un hombre de vida tranquila dedicado al tutelaje de la joven y adinerada Cecily Cardew (Ana Azorín) con una doble personalidad, determinada por los nombres, y enamorado de Gwendolen Fairfax (Inés Kerzan). Por su parte, Algy Moncrieff (Jordi Millán) –amigo del anterior siempre acompañado de una simpática y sagaz sirvienta (Ángela Peirat) – también terminará por llamarse Ernesto para conquistar, aun sin conocerla, a Cecily. En estos idilios, la madre de Gwendolen conocida como la temible Lady Bracknell (Paloma Paso Jardiel) tendrá mucho que decir, aunque los jóvenes contarán con la actitud servicial del reverendo Chasuble (Guillermo López-Acosta). En definitiva, ninguna señorita educada podría amar a un hombre que no fuese un honesto Ernesto.

El virtuosismo de Oscar Wilde es infinito. Algunos le conocerán por sus cuentos, ensayos o simplemente por sus ingeniosos proverbios atemporales. A mi juicio, todo el talento de este dramaturgo de origen irlandés está en la obra que nos ocupa. Tanto es así, que incluso en el título como en el subtítulo ya hay rastro de su genialidad. A modo de anécdota, cabe recordar que el título original en inglés es: “The importance of being earnest”, cuya traducción exacta sería: “La importancia de ser serio”; sin embargo, dada la similitud entre la pronunciación del nombre adoptado por el protagonista y este adjetivo, se conoce popularmente como “La importancia de llamarse Ernesto”. Aquí ya tenemos uno de los rasgos de esta obra, los juegos de palabras, trasladado a la perfección en esta versión teatral.



El subtítulo tampoco es desdeñable y casual: “Comedia trivial para la gente seria” porque vuelve a dejarnos otra figura recurrente en la representación, oxímoron, y, a mi juicio, sirve de trampolín para explicar algunas de las críticas que Wilde hace de su sociedad, como la falsa moral o la institucionalización del matrimonio y reflejar, también, la actitud humana de llamarnos Jack y ser formales y de autodenominarnos Ernesto para disfrutar de la vida; cuestiones aparentemente superadas pero cuyas reflexiones siguen estando latentes y de actualidad. El propio Wilde ya afirmaba que "Es una frivolidad hablar en serio de cosas importantes". Bajo este halo de irreverencia, ingenio y agudeza está construida esta representación, prorrogada durante el mes de septiembre por su buena acogida.

Me resulta difícil llevar la cuenta de las obras que he visto de este guionista y director madrileño, a mi juicio uno de los dramaturgos más solventes y prolíficos del teatro español actual, y ninguna de sus propuestas me ha decepcionado. No tiraré del tópico sanguíneo, aunque sus apellidos rebosen genialidad, ni de la responsabilidad de adaptar un clásico de la literatura porque son evidentes, pero sí es pertinente incidir en lo  bien que ha conducido la adaptación, con diálogos fluidos y frescura escénica, y cómo ha exprimido el humor original de la novela homónima. Paso, al frente de obras actualmente en cartelera como besARTE, mimARTE y follARTE o Lo qué mamá nos ha dejado, nos hace disfrutar con el humor irónico y sutil, también conocido como británico, que termina siendo corrosivo y mordaz. Una de las dificultades del texto son los continuos enredos de los protagonistas presentados de forma sencilla gracias a la fluidez de la que hablaba anteriormente, al estilo vodevil de continuas entradas y salidas de los personajes, al aprovechamiento del espacio escénico con escenas paralelas y superpuestas, a la incorporación de las nuevas tecnologías y a la inclusión del aparte, musical incluido con perfectas variaciones lumínicas de Pilar Velasco, para aumentar las risas de los presentes.

Al igual que con el director me ocurre con este reparto, es complicado llevar la cuenta de las veces que los he visto sobre el escenario, pero siempre con matices y registros diferentes (incluso en papeles similares) sin perder su esencia y actitud propias. Todos cumplen a la perfección los roles de sus respectivos personajes, ataviados con actualizados y sugerentes vestidos de época a cargo de Inés Kerzan y Ángela Peirat, y nos dejan escenas conjuntas con frases escalonadas y vertiginosas teñidas de ese humor agudo. Mientras visionaba la obra tuve la sensación, no sé si positiva o negativa, de no identificar a un protagonista claro entre los cuatro implicados, tanto literaria como artísticamente hablando, por este reparto equitativo de roles. Sin embargo, a mi juicio Jordi Millán, como Algy Moncrieff, está un escalón por encima al absorber a la perfección la dejadez de su personaje, al mismo tiempo que muestra el interés por su amada, con una seguridad cómica y pasmosa; gracias también a los diálogos con su criada, Señorita Lane, a quien da vida una locuaz, omnipresente y perspicaz  Ángela Peirat. La formalidad, honestidad y rectitud son interpretadas con genialidad por David Degea, cuyo personaje Jack Worthing y su pasado darán mucho de qué hablar. Este actor también nos deja escenas divertidas cuando abandona su formalismo y deja fluir su ira hacia su amigo.


Las presuntas implicadas nos regalan 95 minutos de diversión, tanto por su presencia como ausencia, y a pesar de dar vida a personajes con distintas cosmovisiones clavan la actitud infantiloide, propia de los adultos, de creer aun sabiendo del engaño. Su registro vira desde la alegría y bondad propias del dúo cómico Pili y Mili hasta las, también gemelas, niñas del resplandor, cuando las respuestas o situaciones no son de su agrado. Por un lado, Inés Kerzan da vida a la simpática y modosa Gwendolen pudiendo apreciar una vez más su facilidad para levitar sobre el escenario. Por su parte, es imposible no disfrutar de la fortaleza de Ana Azorín, esta vez como Cecily Cardew, joven de torpes insinuaciones y fuertes arrebatos emocionales. Su brusquedad contrasta con la delicadeza de su compañera y permite aumentar la risa de los presentes. Los dos personajes de mayor edad son necesarios para completar y complementar el relato. Guillermo López-Acosta, como el reverendo Chasuble, aporta sosiego, comprensión, bonhomía y calidez a su personaje y a la obra en su conjunto. En el caso de Bracknell –genialmente interpretada por la curtida Paloma Paso Jardiel quien nos regala hilarantes gags y ácidas reflexiones– enreversa, más si cabe, las relaciones de los cuatro jóvenes e intenta torpedearlas en base a sus intereses.

Representar una obra en la sala Cándido Lara y no en la de Lola Membrives tiene como inconveniente, o ventaja según se mire, contar con un decorado propio o con mayores elementos escenográficos. De forma inteligente, Alejandro Aguilera Cortés sitúa varios paneles de celosía vegetal a distintos niveles que hacen las veces de exteriores de un jardín y permite divertidas entradas y salidas de los personajes con sensación de profundidad. La misma profundidad de una obra siempre actual y divertida que nos recuerda La importancia de llamarse Ernesto.


En La importancia de llamarse Ernesto, visionarán un clásico de la literatura mientras disfrutan con el juego de identidades de un divertido, joven y profesional reparto


Alberto Sanz Blanco
Periodista @AlbertoSBlanco


Autor: Oscar Wilde
Versión y dirección: Ramón Paso
Traducción: Sandra Pedraz Decker
Reparto: Paloma Paso Jardiel, Ana Azorín, Inés Kerzan, Jordi Millán, David Degea, Ángela Peirat y Guillermo López-Acosta
Lugar: Teatro Lara (Corredera Baja de San Pablo, 15, 28004)



No hay comentarios:

Publicar un comentario

-->