ES MI PALABRA CONTRA LA MÍA: LUIS PIEDRAHITA COMBATE A LA INSATISFACCIÓN CON SU MEJOR ARMA: EL HUMOR - Canal Hablamos

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27 octubre 2019

ES MI PALABRA CONTRA LA MÍA: LUIS PIEDRAHITA COMBATE A LA INSATISFACCIÓN CON SU MEJOR ARMA: EL HUMOR



De A Coruña. 42 años. Humorista, ilusionista, escritor y director de cine. Algunos le describen como el rey de las cosas pequeñas, otros como el domador de la palabra y otros simplemente se ríen con él. Luis Piedrahita ya tiene calzados los guantes de boxeo del humor todos los viernes y sábados en los Cines Callao esperando un combate de uno contra uno. ¿Quién ganará?

Bendito humor que hace nuestro día a día más llevadero y benditas también las personas, humoristas, capaces de subirse a un escenario y contar con gracia, ingenio y donaire situaciones comunes con las cuales podemos sentirnos identificados. Esta descripción y adjetivos son atribuibles a Piedrahita, cómico que todo lo que toca no sé si lo convierte en oro pero sí en risas, como ocurrió con shows anteriores como Las amígdalas de mis amígdalas son mis amígdalas y El castellano es un idioma loable, lo hable quien lo hable.

En Es mi palabra contra la mía, Luís Piedrahita “olisquea la realidad con afán de cerdo trufero y saca a relucir los aspectos más absurdos de nuestro día a día” y más concretamente, el monologuista analiza por qué nadie está contento con su suerte. El alto quiere ser bajo, el joven mayor, el soltero casado y viceversa. De ahí su honda y certera pregunta “¿Somos acaso felices en un mundo donde odiamos todo lo que nos rodea?” Obviamente no contestaré a esta reflexión, pero con profesionales del humor como él todo es más sencillo y no hay mejor terapia que reírnos de nuestras propias miserias.

Nada más pisar la moqueta de la planta baja de los cines Callao sabemos que estamos ante un espectáculo de humor. Mientras en otras representaciones los minutos previos al comienzo parece tiempo perdido, en esta, el colaborador y guionista de El hormiguero interacciona y juega con los presentes, sin estar aún sobre el escenario, gracias a la enorme pantalla cinematográfica; incluso una vez empezado el espectáculo no duda en detenerlo ante la tardía llegada de algún espectador. En este introito tenemos dos características repetidas a lo largo de los 80 minutos de duración: interacción con el público y facilidad para la improvisación. El autor de siete ‘best sellers’ de humor pregunta, conversa y ríe con el respetable como si de una animosa conversación se tratara; iba a utilizar la fórmula de la ruptura de la cuarta pared, pero sería un error porque aquí directamente no hay pared. En un momento determinado, los asistentes, si lo desean, podrán participar en una dinámica móvil con un premio para el ganador. Con respecto a la improvisación, Piedrahita comenta situaciones particulares a raíz de las respuestas y juega al despiste comunicándose con el exterior. Y hasta aquí puedo leer.


Si vemos la amplia cartelera teatral comprobamos la proliferación de espectáculos de humor, incluso lugares especializados en este arte, pues hacer reír a alguien para mí siempre es un arte. Entre tanta competencia sana, la diferenciación es el camino del éxito. El escritor y director, junto a Rodrigo Sopeña, del largometraje La habitación de Fermat es único y ampliamente conocido por su humor blanco e inteligente que comienza como sutil para terminar como corrosivo. En este microclima, Piedrahita –ataviado con un traje azul obscuro y sus características gafas– deleita a los presentes con el don de palabra, adjetivos por doquier, comparaciones ingeniosas, frases célebres e incluso sonoros pareados. Es capaz de enlazar chistes y de saltar de tema en tema sin despeinarse, aunque como es habitual en él se atuse el pelo, con la habilidad propia de los magos. Hablando de magia, resultará probable que muchos le recuerden por sus trucos en el programa presentado por Pablo Motos y, aunque este no sea una función de ilusionismo, estoy convencido del enorme interés del público ante algunos de sus números inverosímiles. Recomendación realizada.

Volviendo a la temática de su espectáculo, en el nombre ya podemos observar su ingenio y don para los juegos de palabras, así como su actitud combativa ante la realidad en la imagen central. Piedrahita, participante en el exitoso programa El club de la comedia, golpea con fuerza y atino a asuntos tan cotidianos como una mudanza, con todo lo que ello implica. La sabiduría y la ingenuidad, ambas relacionadas con la edad. La dificultad de hacer nuestras necesidades fisiológicas en baños ajenos, a excepción de centros comerciales o el amor, definido por él mismo como “un demonio al adoptar varias formas”. Temas de apariencia fútil o banal pero de enorme profundidad y propicios para divagar. Este cómico es experto en sacar punta, disertar y realizar digresiones y parlamentos de pequeñas realidades para extrapolarlas a una mayor. Un ingenio al alcance de pocos. Sin embargo, sus reflexiones no finalizan con una gracieta, sino con una moraleja, enseñanza o reflexión, aplicable a cada uno de nosotros.

La puesta en escena, a veces sutil otras surrealista, es perfecta y guarda similitud con la idiosincrasia de este genuino monologuista. Algunos de sus chistes, reflexiones o ambas a la vez van acompañados de imágenes en la pantalla de enormes dimensiones situada a su espalda, esto incrementa el interés de los espectadores y hace más dinámico el show cómico. También contribuyen los efectos de luces, en momentos estratégicos, repartidos a lo largo y ancho del auditorio. En definitiva, un espectáculo sobresaliente, humano y divertido donde el único protagonista es el humor.


Luis Piedrahita vuelve a los escenarios con un monólogo ingenioso, inteligente y desternillante acompañado de su locuacidad y don para la palabra sumergida en humor. Si no me creen es “Mi palabra contra la mía”


Alberto Sanz Blanco
Periodista

Autor: Luis Piedrahita
Lugar: Cines Callao (Plaza del Callao, 3, 28013)


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