ME GUSTA COMO ERES: LA AMISTAD CON MÁSCARAS TEATRALES - Canal Hablamos

NUEVO

12 octubre 2019

ME GUSTA COMO ERES: LA AMISTAD CON MÁSCARAS TEATRALES



Los amigos a diferencia de la familia podemos escogerlos, pero como cualquier decisión lleva aparejada riesgo y es posible equivocarse. Una palabra inoportuna, un comentario fuera de lugar o directamente una traición pueden ocasionar la ruptura de una amistad consolidada. Algunos de estos ingredientes están presentes en la obra ubicada en la sala Cándido Lara del Teatro Lara.

Tras quince años sobre los escenarios franceses, Gabriel Olivares, gracias a la magnífica adaptación de Jordi Galcerán, nos trae la obra de la dramaturga francesa Carole Greep (J’aime beaucoup ce que vous faites) y nos invita a conocer a una pareja formada por Carolina (Pepa Rus) y Pedro (Juanan Lumbreras) la cual decide retirarse al campo para disfrutar de una vida tranquila y servir de inspiración para que él termine, de una vez por todas, su novela. Como gesto de buena voluntad, deciden invitar a la casa rural a otra pareja de buenos amigos, Carlos (Óscar de la Fuente) y Laura (Miren Igarburen), snobs de la ciudad. Todo parece ideal, si no fuera porque los anfitriones oyen por descuido lo que realmente piensan sus hasta ahora amigos. El primer impulso les lleva a cancelar los planes del fin de semana pero deciden, como ejercicio de venganza, jugar con la información que tienen y salir a escena.

Como amante del teatro, me fascina visionar obras de otros países europeos para así apreciar y empaparme de buenas e ingeniosas ideas venidas de fuera. Sin embargo, como siempre digo, solo esto es posible gracias al arduo trabajo, y no siempre reconocido, del traductor y adaptador. En este caso, el prolífico Jordi Galcerán está al frente de este cometido. Si hace unas pocas semanas nos deleitaba con un nuevo trabajo (precisamente entre dos parejas de amigos), los espectadores podrán descubrir en Me gusta cómo eres frases y diálogos encriptados con doble sentido, ironías transformadas en sarcasmos, ingeniosos juegos de palabras y la trasposición del peculiar sentido del humor francés al humor castizo más español, con chascarrillos incluidos, pero sin traspasar la barrera de lo soez o chabacano.

Si hablamos de una obra de humor, con relaciones humanas y carga psicológica, todos los indicios apuntan a Gabriel Olivares, a mi juicio uno de los mejores –por no decir el mejor– dramaturgo contemporáneo de obras cómicas. Sus trabajos en teatro son muy numerosos (Burundanga el final de una banda, La madre que me parió, El Reencuentro o Proyecto Edipo) y en su caso cantidad y calidad van unidas. La mayor dificultad, a mi juicio, en su dirección es saber mantener la atención y el clima de tensión en la obra, teniendo en cuenta que el espectador ya sabe cuál es el motivo central del conflicto, (feroces críticas en una llamada de teléfono no intencionada) y Olivares ha sabido cómo hacerlo. Con ingenio y desenvoltura, va propiciando situaciones delirantes y deliciosamente divertidas generadoras de conflicto entre los cuatro personajes desde una mirada cómica y, a su vez, sin perder ese carácter psicológico sobre las relaciones humanas al que nos tiene acostumbrados. En esta ocasión, más concretamente, sobre la amistad con rasgos esperpénticos y con máscaras puestas o impuestas porque como bien señala el director de El reló producciones: “el teatro es como la vida con la paradoja de que en la ‘realidad’ solo puede haber más ficción que en el escenario”.


Otro elemento, a mi juicio, esencial en esta comedia corrosiva –además de otra prueba del gran trabajo e ingenio de esta pareja teatral (Olivares y Galcerán) con trabajos conjuntos en Burundanga, El nombre o Cancún– reside en el carácter metateatral de la representación, en este caso doble. Como bien queda reflejado en la sinopsis, los anfitriones saben de antemano la opinión de sus amigos y deciden jugar e interpretar su papel. Por otro lado, el frustrado escritor en su deseo de terminar su último trabajo nos deja frases dramatúrgicas, algunas premonitorias, y hasta aquí puedo leer. En definitiva, el teatro que habla del teatro sirve para elevar la inteligencia de la obra, tildada por Olivares como fábula, y extraer mejor y de forma más completa reflexiones como el valor de la amistad y las falsedades enunciadas bajo fórmulas políticamente correctas. En relación a la puesta en escena, la disposición de los actores y actrices es sensacional y sus entradas y salidas recuerdan el subgénero del vodevil. Además, Olivares, con buen criterio, decide en un momento determinado trazar un muro imaginario y representar escenas conjuntas en los extremos del escenario, con un elemento audiovisual que luego comentaré.

Huyo por costumbre de los tópicos, pero en una obra donde el espectador conoce desde los primeros compases el elemento central del conflicto es fundamental la interpretación de los actores, puesto que son ellos los encargados de ir generando, con sus palabras y acciones, las situaciones rocambolescas y marcando los tempos de la representación, cuyo final esperaba que fuera más resolutivo. Los dos actores y actrices cumplen con el mencionado cometido, mantienen con solvencia el doble carácter metateatral y realizan una divertida representación.

La histriónica y versátil actriz teatral (El maestro Juan Martínez que estaba allí) y cantante gaditana Pepa Rus –con papeles relevantes en conocidas series televisivas Aida, Gyn Tonic, La que se avecina– da vida a Carolina, un ama de casa. Su desparpajo, desenvoltura, fortaleza y alegría escénicas, unidos al descaro y llaneza de su personaje suponen un revulsivo para la representación y ayuda a elevar las risas de los espectadores. A su lado le acompaña Juanan Lumbreras, como Pedro, el desdichado y solitario escritor. Este actor ha participado en series televisas como El Comisario, Aida, Amar es Para Siempre o Buenagente pero a mi juicio su trabajo más solvente es el protagonizado en la obra teatral La Ternura. En esta ocasión vuelve a regalarnos su peculiar vis cómica con graciosas inflexiones de voz, su don para la imitación y sus rápidos movimientos por el escenario, los cuales me recordaron al maestro Chiquito de la Calzada.


Los urbanitas llegados de la ciudad son interpretados por Óscar de la Fuente y Miren Igarburen. El primero se viste de Carlos, un exitoso y rico productor, a pesar de su apariencia de perdedor. Este actor de teatro (con más de 50 espectáculos), cine (Sordo, El Reino) y televisión (Vota Juan, El ministerio del tiempo) sabe mantener este difícil papel, en ocasiones algo plano, y nos deja una de las escenas más desternillantes de la función gracias a su marcada expresividad facial. Casi sin despegarse, Igarburen se viste (gracias al vestuario de Mario Pinilla) de Laura, una mujer extravagante, por no decir pija, con escasas luces. Esta curtida actriz de teatro (Mi primera vez, Dos más dos), cine (Las trece rosas, Revelados) y series televisivas (Aquí no hay quien viva, Escenas de matrimonio) es la encargada de provocar la carcajada continua del espectador por su risa contagiosa y por meterse tan bien en el papel de mujer superficial y poco inteligente.

La construcción escenográfica, por Ana Tusell, está  a la altura de la representación y recrea a la perfección una casa rural de estilo clásico donde quizá podría haberse explotado más el juego de espacios entre dentro y fuera de la vivienda. Me fascinó el uso de la videoescena, por Bruno Praena, como técnica de travelling, muy propia de grandes producciones teatrales musicales, que invito a los espectadores a disfrutarla. El apartado técnico también es importante en el desarrollo de la función. Daniel Navarro, al frente de la iluminación, nos regala simbólicos degradados y divertidos juegos de luces y sombras. Por su parte, Andrés Belmonte, introduce con acierto, meticulosidad y atino elementos sonoros relacionados con la acción. Una acción que, tal y como indica su director, carece de “principio y de final” y “empieza cuando la mayoría de las funciones terminan”. Vean y juzguen.


Un corrosivo vodevil de altura sobre la amistad, con situaciones delirantes y deliciosamente divertidas, interpretado con genialidad donde quizá digan “Me gusta como eres”

Alberto Sanz Blanco
Periodista

Autora: Carol Greep
Adaptador: Jordi Galcerán
Director: Gabriel Olivares
Reparto: Miren Ibarguren, Pepa Rus, Oscar de la Fuente y Juanan Lumbreras.
Lugar: Teatro Lara (Corredera Baja de San Pablo, 15, 28004)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

-->