¿QUIÉN ES EL SEÑOR SCHMITT?: LA INTELIGENTE Y PSICOLÓGICA IDENTIDAD TEATRAL MEJOR GUARDADA E INTERPRETADA - Canal Hablamos

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06 noviembre 2019

¿QUIÉN ES EL SEÑOR SCHMITT?: LA INTELIGENTE Y PSICOLÓGICA IDENTIDAD TEATRAL MEJOR GUARDADA E INTERPRETADA



¿Está usted seguro de ser quien dice ser? ¿Confirma, realmente, ser el lector de esta crítica teatral? ¿Podemos inferir, por tanto, su gusto por la cultura en general y por el teatro en particular? Tanto si ha contestado de forma afirmativa a alguna de estas cuestiones como si ha dudado en hacerlo, le invito a visitar el Teatro Español para observar que no solo usted puede tener problemas de identidad.

Sébastien Thiéry, autor del libreto, nos invita a ser parte de la familia formada por el señor (Javier Gutiérrez) y la señora Carnero (Cristina Castaño). Como una noche más, cenan de forma tranquila hasta que una llamada telefónica perturba su serenidad. No por el hecho del sonido, sino porque el matrimonio no tiene red fija en casa. El interlocutor pregunta por un tal Schmitt. Esta cuestión será el comienzo de múltiples y sucesivos acontecimientos extraños, al darse cuenta de que su ropa no es la suya, sus libros no son sus libros y sus cuadros parecen haber cambiado. En su tarea por aclarar su personalidad entrarán en juego un psiquiatra y un agente de policía (Quique Fernández), aunque todo volverá a implosionar con el personaje interpretado por Armando Buika ¿Realmente son el matrimonio Carnero? ¿Será todo una conspiración contra ellos? ¿Será real su realidad?

Las anteriores preguntas nos permiten hablar de la categoría teatral de thriller psicológico, también acompañada de la comedia ficcional con tintes surrealistas e incluso de la tragedia existencialista, desarrolladas todas ellas a continuación. Como ven, estamos ante una obra de gran riqueza donde la división primitiva de comedia y drama queda desactualizada. Esta brillante y apasionante idea viene del ingenio del condecorado dramaturgo francés Sébastien Thiéry. Saben ustedes que las anécdotas son más recordadas que algunos hechos; por ello, quizá asocien el nombre de este actor con la protesta en forma de desnudo integral en la entrega de los premios Molière. Si me permiten la analogía, en esta representación también hay un desnudo mental de los protagonistas al ser despojados de su personalidad. Thiéry redacta una obra existencialista y de enorme carga psicológica–si profundizamos podemos extraer múltiples teorías de la rama social de esta ciencia como la de la atribución o la de la disonancia cognitiva– diluida, quizás en demasía, en el humor absurdo e inteligente donde la batalla entre lo ficcional y real no tiene un claro vencedor, siendo ambas compatibles al espectador para dar una respuesta plausible a lo representado en escena.


Sergio Peris-Mencheta, a mi juicio uno de los directores más lúcidos e inteligentes en el panorama teatral como ya lo demostró en la obra musicalizada The Lehman Trilogy, es el encargado de materializar lo anteriormente expuesto. En esta representación son muchas las dificultades y decisiones a abordar; pues no debe olvidarse que la pareja protagonista va siendo consciente de sus inverosímiles desdichas a la par que el espectador. En la labor direccional más pura, Peris-Mencheta –actor en una veintena de películas y numerosas apariciones en series televisivas– sitúa al reparto de forma inteligente y aprovecha todo el espacio escénico propiciando vistosas y contundentes entradas y salidas de los actores.

La mayor complicación, a mi juicio resulta con acierto, es clarificar las categorías teatrales antes mencionadas, mientras de forma sutil van fusionándolas. Dicho de otro modo, Peris-Mencheta toma el pulso de la representación con un ritmo ágil, y en ocasiones vertiginoso, en un clima de sugestión y suspense al mantener al espectador a la expectativa, en un estado de tensión (thriller). Mientras tanto, envuelve el relato en lo ilógico, extravagante e irracional, que nos recuerda a obras del teatro del absurdo como La cantante Calvadel maestro y precursor Eugène Ionesco. Además, consigue proyectar en la pareja protagonista la sensación de seres incomprendidos con una concepción particular de la vida, característica muy propia del drama existencialista. ¿La conclusión? Una obra donde, como la vida misma, el final es abierto y depende de las gafas elegidas por el espectador. En definitiva, un cóctel heterogéneo pero armonizado de géneros y subgéneros al servicio de la representación como el elemento diferenciador de esta obra y el principal valor añadido de la representación.

En ¿Quién es el señor Schmitt? Los responsables de pasar de las musas al teatro son el quinteto de actores, todos ellos a un alto nivel interpretativo y ataviados con un vestuario realista a cargo de Elda Noriega. La trama señala como protagonistas a Juan Andrés y Margarita Carnero. El primero es interpretado por un gran Javier Gutiérrez. Este archiconocido actor, ganador de dos Premios Goya por sus interpretaciones en La isla Mínima y  El autor, se viste de un hombre perturbado ante las incongruencias hasta perder casi por completo su identidad y dudar si adoptar la del misterioso señor Schmitt. Gutiérrez destaca por su expresiva gestualidad facial y corporal y otorga una gran carga de verdad a su papel, incluso en los instantes de mayor desconcierto. Su personaje, a mi juicio el más complejo, transita entre el rol del inocente bufón y del triste e incomprendido antihéroe; ambas personalidades interpretadas a la perfección.


A su lado, casi sin despegarse, Cristina Castaño –multinominada actriz de teatro (Cabaret), cine (Lo dejo cuando quiera, Bajo el mismo techo) y televisión (Toy Boy, La que se avecina) encarna a una mujer de apariencia tranquila. En los primeros instantes sobresaltada y superada ante la confusión de la identidad pero luego moldeable y de fácil adaptación a la misma. La mejor metáfora para definir su gran actuación es la formulada, precisamente, por su personaje “dejarse llevar por la corriente como un salmón”. Castaño también nos deja ver su vis cómica envuelta, en esta ocasión, en cierta tristeza y melancolía supeditada al cuidado y aceptación su su marido. En este punto, el tándem entre actor y actriz me gustó especialmente tanto por el juego de roles, como por la comicidad entre ambos y por sus miradas cómplices.

Por su parte, Quique Fernández deslumbra en su doble faceta de detective y psiquiatra. Esta última ocupa un lugar central y aumenta el humor absurdo de la representación. La aparición de Armando Buika supone un revulsivo y marca el culmen de lo surrealista. Como hecho excepcional y para no adelantar nada no diré a quién da vida, pero estoy convencido que causará gran sorpresa al espectador, quien espero esté atento a su última alocución en forma de monólogo la cual apuntala y sentencia ¿Quién es el señor Schmitt? Por último, Xabier Murua, actor de enorme trayectoria, hace las veces de portero en una aparición testimonial.

En teatro, el cómo es tan importe como el qué. Esta norma es bien conocida por Curt Allen Wilmer, uno de los mejores escenógrafos del teatro contemporáneo. En esta ocasión, sin dejar sus rasgos hiperrealistas y psicológicos con marca de la casa de la productora Barco Pirata, recrea un salón diáfano, lugar central de la representación. Su inteligencia coincide con la de Peris-Mencheta y apuestan por situar un escalón en la puerta de entrada que nos deja juegos de alturas muy interesantes. En el clima de suspense imperante, invito a los espectadores a permanecer muy atentos a los cambios de decorado y de disposición de los elementos, y hasta aquí puedo leer. Movimientos muy bien acompasados gracias al diseño de luces de Valentín Álvarez y al buen hacer de todo el equipo.


Una propuesta inteligente, conformada por humor absurdo, situaciones surrealistas de enorme intriga y un sensacional reparto donde descubrirán, o no, ¿Quién es el señor Schmitt?



Alberto Sanz Blanco
Periodista 
    
AutorSébastien Thiéry
Director y versión: Sergio Peris-Mencheta
Reparto: Javier Gutiérrez, Cristina Castaño, Quique Fernández, Armando Buika y Xabier Murua
Lugar: Teatro Español (Plaza Santa Ana, Calle del Príncipe, 25, 28014)


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