CÁDIZ: UN LUGAR TEATRAL LLAMADO VIDA - Canal Hablamos

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17 diciembre 2019

CÁDIZ: UN LUGAR TEATRAL LLAMADO VIDA



Los hombres rudos, fuertes, competitivos y sin debilidad emocional. Las mujeres débiles, sensibles, compasivas y dependientes emocionalmente. Estos estereotipos de género, basados en falsas asociaciones de ideas, están todavía presentes en la sociedad, pese al innegable avance y el destierro de otros. Si todavía tienen dudas pueden acudir a reflexionar y a reír a la sala Lola Membrives del Teatro Lara.

La producción propia de este teatro con libreto de Fran Nortes y dirección de Gabriel Olivares nos invita a conocer la historia de tres amigos que son como una familia. Eugenio (Fran Nortes) Adrián (Nacho López) y Miguel (Bart Santana) han crecido juntos pero con el paso de los años y sus vidas dispares han dejado de tener cosas en común. Su relación será puesta a prueba cuando entre en juego la presencia femenina en cada una de sus vidas y salga a relucir acontecimientos pasados. Estos hechos harán reflexionar a los protagonistas sobre el valor de la amistad y más concretamente sobre la arista de la falsa moral y adulación excesiva resumida por el filósofo moralista griego Plutarco: “No necesito amigos que cambien cuando yo cambio y asientan cuando yo asiento. Mi sombra lo hace mucho mejor”.

Vale la pena, antes de entrar a valorar el contenido de la representación, remarcar que se trata de una producción propia del Teatro Lara y esto ya es digno de elogio. Como sabrán ustedes, este recinto con más de un siglo de vida lleva apostando los últimos años por obras de temática contemporánea de alta calidad, como Malas hierbas (2017) de Carlos Be, lo que lleva aparejado un sentimiento de identificación por parte del espectador con lo visto en escena. Apostar es sinónimo de arriesgar y en este caso va ligado con el éxito, ya no solo por la aceptación o por las buenas críticas sino por el hecho de dar la oportunidad a jóvenes dramaturgos, o ya no tanto, de dar a conocer sus textos y así mantener la cadena de supervivencia de este arte llamado teatro.


En esta línea de cotidianeidad contemporánea está basado el fabuloso libreto de Fran Nortes. Su nombre y rostro ya forman parte de muchas de las exitosas series de nuestro país como Sin tetas no hay paraíso, Cuéntame o La que se avecina pero tal y como él afirma “tiene historias que contar”. En esta en concreto con ingeniosos e inesperados giros, pone la lupa sobre los estereotipos de género asociados al hombre y enfrentados a la debilidad por ser percibido como fracaso, “no está bien visto pero todos necesitamos querer y ser queridos y solo a través de la comprensión y el entendimiento se llega al amor, afirma el propio dramaturgo. Con un texto compacto, delicado, atrayente y divertido, Nortes nos recuerda que “quererse” y expresarlo también es cosa de hombres. En ese “quererse” entran “los cambios vitales que son dolorosos porque te hacen salir de tu zona de confort y te hacen darte cuenta de la fragilidad en la que vivimos”, como afirma el autor en el programa de mano y, más importante aún, logra transmitir con su obra.

Otra de las esencias de este libreto es la naturalidad a la hora de exponer temas tabúes en la sociedad como la masturbación, el sexo o el miedo al compromiso. A lo largo de la representación tuve la sensación de que algunas de las risas nerviosas de los presentes escondían un “yo también”, en relación a algunos de los temas mencionados. Por otra parte, la inteligencia dramatúrgica de Nortes –participante en construcciones teatrales como Salomé, La importancia de llamarse Ernesto o Burundanga también queda reflejada en el propio título, entendido como entelequia feliz, en la forma de narrar el relato con saltos temporales, pertinentes y aclaratorios apartes y en una correcta relación con los presentes, como observadores imparciales de la situación. También dibuja con exactitud personajes con diferentes idiosincrasias, como referentes de las distintas formas de ser y comportarse en situaciones límites, desde el pasotismo hasta la ansiedad, y cómo estas pueden hacer cambiar a una persona. Además, con dichos comportamientos y expresiones, Nortes consigue que la figura femenina, ausente en el reparto, sea también protagonista. En definitiva, un texto humano y maduro que rebosa humor, a veces corrosivo, como terapia para nosotros mismos.

Los premios, reconocimientos y loas en general sirven para bien poco si no lo demuestras en cada trabajo y es precisamente lo que hace Gabriel Olivares, quien, si me permiten la licencia, tiene el don de la ubicuidad al ser también el director de otra gran obra en este teatro: Me gusta cómoeres. En representaciones de temática amena y aspecto distendido, la dificultad reside en proyectar esa sensación de fluidez para que el espectador no solo la perciba sino que participe en ella y, así cuando entre en juego una catarsis este quede aún más sorprendido, como ocurre en Cádiz. De hecho, en el momento de clímax me descolocó el ambiente cómico usado porque no correspondía con el tono de lo representado en escena. En un aspecto más direccional, Olivares, al frente de Burundanga, La madre que me parió, El Reencuentro o Proyecto Edipo, como experimentado director sabe colocar al reparto para que prácticamente no den la espalda a un público –situado también en la parte trasera de la sala, cambio sustancial con respecto a otras representaciones– y jugar con los diferentes elementos en escena, como posteriormente comentaré.


El trío actoral demuestra una enorme compenetración sobre las tablas –quizá sustentada por la buena relación fuera de escena, expresada por los propios actores y  también extensible a su director– que ayuda a potenciar los sentimientos, algunos contradictorios de sus respectivos papeles. Fran Nortes se desdobla como dramaturgo y da vida a Eugenio, un hombre con la mente puesta en el futuro. Podría decirse que es el personaje más maduro pero quien esté libre de pecado…. Sin embargo, sí es la voz de la experiencia y también de la conciencia. Dicho perfil es muy bien interpretado por este polifacético actor, del cual me fascinó especialmente su marcada gestualidad facial y corporal, en ocasiones con risas incluidas, y su facilidad para expresar ironía. 

Nacho López se viste de Adrián, un hombre con mentalidad de presente sin llevar nada bien la edad. Su vida parece transcurrir sin preocupaciones porque quizá rehúya de sus problemas, aunque su tortazo con la realidad le haga reflexionar. Este papel es bien interpretado por López –actor de teatro (Mi primera vez, La caja y Burundanga), cine (Tu vida en 65 segundos, La despedida) y series televisivas (Cuéntame cómo pasó,  Física o química o Mercado central) – quien destaca por su desenvoltura para el humor y está correctísimo en los instantes más dramáticos.  Por último, Bart Santana  da vida a Miguel, un hombre estancado en el pasado y todavía sin emancipar. Este conocido actor participante en más de una veintena de series televisivas y experto en microteatro sabe encontrar el punto exacto a la inocencia de su personaje sin caer en la parsimonia ni irrelevancia. Además, es usado por sus compañeros como comodín y protagoniza momentos muy divertidos poniendo de manifiesto ser un actor todoterreno.

Los cambios lumínicos por Carlos Alzueta son perfectos y clarificadores al ser  acompasados con los momentos representados en escena, con un también correcto espacio sonoro de José Miguel Mayoral, que nos dejará alguna que otra sorpresa musical. Por último, la construcción escenográfica va acorde con el corte moderno de la representación y Asier Sancho, como experto en esta labor, recrea un apartamento con escasos elementos en escena para facilitar la cocina en directo y la movilidad de los tres actores. De entre todo el atrezo da protagonismo al marco de la puerta. Sin destripar nada, el uso de este elemento decorativo resulta muy inteligente porque supone, de primeras, dar vigencia al concepto de encuadre, enunciado en la sociología como Fraiming, aportar oxígeno en las entradas y salidas y otras múltiples reflexiones para el espectador. Reflexionar, precisamente es a lo que nos invita esta obra porque, en ocasiones, la realidad supera la ficción.


Un relato compacto, sincero e inteligente sobre el amor, el valor de la mistad y el destierro de estereotipos, interpretado con realismo y soltura con un destino: Cádiz


Alberto Sanz Blanco
Periodista @AlbertoSBlanco

Autor: Fran Nortes
Director: Gabriel Olivares
Reparto: Nacho López, Bart Santana y Fran Nortes
Lugar: Teatro Lara (Corredera Baja de San Pablo, 15, 28004)


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