VIDA OCULTA: UN CANTO A LA VIDA Y A LA FE DE UN HOMBRE JUSTO - Canal Hablamos

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22 diciembre 2019

VIDA OCULTA: UN CANTO A LA VIDA Y A LA FE DE UN HOMBRE JUSTO



No hay nada más gratificante en la vida que obrar según tu conciencia y, en el caso de un director de cine, construir una sensacional película para darlo a conocer. Así, el espectador a partir del 7 de febrero del 2020 tendrá la oportunidad de descubrir Vida oculta (A hidden Life), el décimo trabajo del laureado director Terrence Malick con el sello de la compañía Walt Disney Studios Motion Pictures. Una cinta que ha dejado muy buenas sensaciones –recientemente nominada a Mejor Película en los Independent Spirit Awards– y dará mucho de qué hablar.

El tres veces nominado al Oscar dirige al alemán August Dielh (Malditos bastardos) y a la austríaca Valerie Pachner (All my loving) en una película conmovedora y basada en hechos reales. Un matrimonio feliz formado por Franz y Fani Jägerstätter vive junto a sus tres hijas en la granja alpina de la ladera de Sankt Radegund (Austria). Su vida como campesinos transcurre en el campo pero la llamada de un conflicto bélico cambiará sus vidas. La Segunda Guerra Mundial ha estallado, y con ella muchos hombres son llamados al frente para batallar y, en el caso de Alemania, rendir pleitesía y jurar lealtad a Hitler, pero Franz no está dispuesto a ello aunque signifique su sentencia de muerte.

Los acontecimientos bélicos son al cine lo que las noticias diarias a los medios de comunicación, un activo casi inagotable. Ahora bien, también hay espacio para la saturación. Cuántas películas habremos visto sobre la Segunda Guerra Mundial, sus protagonistas o más concretamente sobe el régimen nazi, multitudes, algunas seguro muy buenas pero el cine como industria no puede quedarse ahí. Esta reflexión es la que probablemente haya hecho Malick, cuyo trabajo roza el sobresaliente al ser capaz de centrarse en una parte (personaje quizá desconocido para el gran público) para explicar un todo.


El director de Voyage of time (2016) y Song to song (2017) deja a un lado su faceta de cine experimental y nos sorprende con una película bella, en forma y fondo, emotiva, conmovedora y de corte documental. El espectador debe conocer la historia de sufrimiento de este campesino austríaco cuyos principales y únicos aliados fueron el amor incondicional de su esposa y su fe inquebrantable; tanto fue así que fue declarado beato por la Iglesia católica durante el pontificado de Benedicto XVI. “Tengo el derecho a dejarme matar”, llegaba a suplicar el protagonista. Este último elemento, el factor de religiosidad, es otro de los pilares del film y es tratado por Malick  –ganador de la Concha de Oro en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián y la Palma de Oro en el de Cannes– de forma sobresaliente al presentar las luces y sombres de la Iglesia Católica de aquellos años y especialmente una moral religiosa basada en la justicia social sin adoctrinamientos ni moralismos vacuos.

Otra de las virtudes de Vida oculta es la ausencia de escenas de violencia excesiva o sexo; no por el hecho en sí de ser excluidas, sino porque el motor humano de la acción es tan potente que no son necesarios dichos artificios para agrandar los sentimientos de los personajes. El género epistolar también está presente en el film y nos regala bellas y desgarradoras conversaciones entre los protagonistas para, por un lado, aclarar sus convicciones y, por otro, dinamizar la acción. Sin duda, todo un acierto. Un guion, por tanto, pertinente, potente y relista; tal vez con falta de texto pero queda compensado con dicha fuerza emotiva y la excelente actuación del reparto. No podemos pasar por alto los acertados tiros de cámara usados como expresión de las emociones de los personajes, antes mencionadas: desde la vertiginosa sucesión de primeros planos y contrapicados con ángulos dispares para dar sensación de angustia y claustrofobia, hasta grandes planos generales como muestra de los maravillosos exteriores y escenas bucólicas. Un éxito también imputable al montaje de Rehman Nizar Ali.

Los ojos de los espectadores están posados sobre Franz Jägerstätter, auténtico protagonista y motor central de la cinta, a quien da vida un sobresaliente August Diehl. Este conocido y galardonado actor alemán realiza uno de los mejores papeles de su carrera. No le hacen falta ni grandes movimientos ni torrentes emocionales. Su rostro es capaz de trasmitir el amor incondicional a su mujer, a sus hijos y a Dios, con la más serena de las tranquilidades al obrar de forma justa –según su moral religiosa– pese a las acusaciones de traidor y aun sabiendo el final de su destino. A su lado, una gran Valerie Pachner pone voz y rostro, a la consejera y fiel “amante y mujer”, Franziska. La actriz austriaca verbaliza de forma sobresaliente un doble sufrimiento, el suyo propio  y el de su marido. Nos deja momentos estelares tanto en un papel más dócil como apoyo a Franz como en aquellos más desoladores y trágicos donde ve cómo sus vecinos le atacan sin piedad. En definitiva, un tándem maravilloso. Por su parte, Maria Simon, como Resie la hermana de Fanny, viene a complementar el trabajo de escucha activa y paciencia de su compañera de reparto.



La faceta colaboracionista de la Iglesia Católica es bien representadas por Michael Nyqvist, como el obispo Joseph Fliessen adulador del régimen y Tobias Moretti, como el padre Ferdinand Fürthauer. La actuación de Bruno Ganz en la piel del juez Lueben es sensacional así como la de los tres actores en el papel de los diferentes alcaldes, en especial la del actor austriaco Karl Markovics por un hiriente y sentenciador diálogo con nuestro protagonista. Destacar también, la magnífica actuación de Franz Rogowski como Waldlan, uno de los reclutas amigo de Franz, por su miedo e inocencia exacerbados y la entrega del actor belga Matthias Schoenaerts en el papel del abogado defensor. Dicho de otro modo, todo el reparto está a un altísimo nivel interpretativo.

La duración de casi tres horas puede ahuyentar al espectador y, en efecto, algunas escenas de contextualización podrían haberse reducido. No obstante, en ningún momento tuve una sensación de cansancio y mucho menos de aburrimiento, ayudado seguramente por los maravillosos, realistas y vistosos decorados de Sebastian T. Krawinkel y las espléndidas fotografías de Jörg Widmer, al frente de la dirección.  Como curiosidad, destacar que la casa de los protagonistas es la misma donde vivió el propio Franz. En este espléndido trabajo de ambientación, otro elemento esencial es la potente, sugestiva y evocadora banda sonora del maestro James Newton Howard, varias veces nominado a los premios Óscar, y supone una nueva apuesta del director por la denominada música clásica contemporánea. La mejor decisión para esta historia de vida.


Vida oculta es un canto a la vida y a la fe de un hombre justo con un guion pertinente, potente y relista y un reparto sobresaliente


Alberto Sanz Blanco
Periodista

Título original: A Hidden Life (Vida oculta)
Dirección y guion: Terrence Malick
Montaje: Rehman Nizar Ali
Director de fotografía: Jörg Widmer
Dirección artística: Steve Summersgill
Vestuario: Lisy Christl
Decorados: Sebastian T. Krawinkel
Productores: Elizabeth Bentley, Dario Bergesio, Grant Hill, Josh Lanzar y Marcus Alojas
Producción: Studios de Babelsberg
Reparto: August Diehl, Matthias Schoenaerts, Valerie Pachner, Michael Nyqvist, Jürgen Prochnow, Bruno Ganz, Martin Wuttke, Karl Markovics, Franz Rogowski, Tobias Moretti, Florian Schwienbacher



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