TODO AL NEGRO: LA MANO MAESTRA DE MIGUEL LAGO - Canal Hablamos

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28 enero 2020

TODO AL NEGRO: LA MANO MAESTRA DE MIGUEL LAGO



¡Hagan juego! Grita el crupier en el casino entre chasquidos de fichas, suspiros de alivio y llantos de pérdidas. Junto a  ese murmullo y ajetreo constante se vislumbra una figura en el escenario, poco a poco el público va tomando asiento entorno a él mientras cambia su rostro preocupado de cuál será su siguiente apuesta al de uno relajado con una sonrisa permanente. Señoras y señores, el Teatro Reina Victoria  es ahora el Caesars Palace de Las Vegas (ponga usted algo de imaginación) y Miguel Lago su estrella nocturna.

Una temporada más, el archiconocido cómico gallego –de la mano de Promotora 600, líderes del humor en España– vuelve a subirse al escenario de este histórico teatro para dar rienda suelta a sus pensamientos, aportar su curiosa, mordaz y corrosiva visión de la vida y no dejar a nadie indiferente. No, en esta ocasión, las palabras anteriores no corresponden a una frase hecha sino a una realidad.

Tras varios años comentando eventos teatrales y abundantes espectáculos cómicos, las ideas preconcebidas intentas apartarlas del pensamiento. No obstante, es indudable no pensar, cómo narices podrá superar este cómico sus dos anteriores monólogos “Soy un hijo puta” con su reflejo en el teatro “Soy un miserable” y  “Miguel Lago pone orden” tras un sobresaliente respaldo del público. Pues sí, en líneas generales Lago logra subir el listón con un relato más personal, un hilo conductor más identificable, mayor número de temas y, en definitiva, un todo más inteligente aunque igual de intenso, canalla, irascible y reivindicativo que siempre. No olviden el título, “Todo al negro”.


A mi juicio, estamos ante uno de los espectáculos más maduros –en sentido intelectual por si son ustedes mal pensados– y solventes de este de este actor participante en series como Pequeñas coincidencias, Curso del 63 o Las chicas del Cable. La razón está en su declaración de intenciones, esbozada en un momento determinado del espectáculo. Igual que las empresas conocen a sus consumidores, los sacerdotes a su parroquia y el presidente a sus ciudadanos, mejor obvien esta última analogía, Lago conoce a su público y sabe que su famosa reflexión sobre la ausencia de límites en los llamados límites del humor ya está amortizada y ha sido asumida e interiorizada por su cohorte de seguidores. De tal forma y sin deseo de destripar nada, este monologuista licenciado en filología hispánica, versado por tanto en la lengua castellana, sorprendió a los asistentes con una interesante reflexión sobre los contextos. Este elemento, el contexto, ha inspirado a grandes referentes de la filosofía, sociología social y la semiótica dando lugar a teorías como el fraiming o encuadre. Dicho de un modo más claro, Lago rompe los esquemas clásicos de la comunicación, elimina el contexto –al darlo por obvio– y firma un pacto con los asistentes bajo la famosa frase publicitaria de “lo que pasa en Las Vegas se queda en las Vegas”. Su experimento da como resultado un espectáculo aún más intenso, todavía con menos filtros y donde las carcajadas suenan mejor.

En un plano más pragmático, la temática viene supeditada a la categoría cómica predominante, el humor negro, con sus múltiples variantes y extensiones; pues todos sabemos a qué color apuesta Miguel Lago. El colaborador habitual del programa televisivo Todo es mentira hace un repaso de los personajes más destacados del panorama social y cultural español y hace gala de su facilidad para la imitación con su marcada gestualidad facial y corporal. ¿Quién será, a su juicio, el comunicador con mayor mandanga de la pequeña pantalla? ¿Los dones pasan de generación en generación? ¿Cuál fue su viaje más emocionante? ¿Qué colectivo de ofendidos no puede ni verle? O ¿Qué es lo que más le saca de quicio? Estas son algunas de las incógnitas que los espectadores descubrirán si acuden a este espectáculo que, como suele ser habitual en él, colgó el cartel de entradas agotadas.

Como experimentado cómico, curtido en pequeños locales gallegos y coronado en los mejores programas de monólogos, Miguel Lago basa otra parte de su espectáculo en surrealistas anécdotas personales, o eso hace creer a los espectadores, y detalles de su vida personal. Este leitmotiv estructurador de su espectáculo es propio de muchos cómicos y sirve para empatizar con los presentes aunque no siempre el resultado es el esperado. En esta ocasión su apuesta es la ganadora, a juzgar por el volumen de las risas de los presentes solo mitigado cuando el monologuista traspasa el proscenio y hace una encuesta a alguno de los asistentes. La actualidad política también marca el trascurso del show y, como en sus espectáculos anteriores, el autor de Gamberro y caballero hace su particular visión sobre los temas polémicos de la jornada, donde los colores políticos servirán para bien poco, y propicia a que un mismo espectador pueda acudir más de una vez a Todo al negro.


La estética clásica y la puesta en escena potente y resultona engarzan con el contenido y es otro de los aciertos y señas específicas de este monólogo. El aire a lujoso casino sobrevuela sobre la hora y media de función sin perder la base de comedia en vivo, como mandan los cánones, sustituyendo tan solo la silla central por una mesa de altura donde aposentar su bebida. De nuevo, ensalzo su inteligencia de situar sobre el escenario sus iniciales en forma de logotipo, porque su nombre es un producto en sí, y el sobresaliente uso de los recursos sonoros, con alguna sorpresa musical, y la videoescena a modo de complemento y contextualización. “España entierra bien”, afirma Lago con tono irónico en una de sus frases. Esperamos seguir disfrutando muchos más años de su ingenio y don para el humor sobre los escenarios.


Miguel Lago no se había ido y ya regresa con un nuevo espectáculo más inteligente aunque igual de intenso, canalla, irascible y reivindicativo con una apuesta ganadora: Todo al negro


Alberto Sanz Blanco
Periodista @AlbertoSBlanco

Autor y director: Miguel Lago
Lugar: Teatro Reina Victoria (Carrera de S. Jerónimo, 24, 28014 Madrid)


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