LLÉVAME HASTA EL CIELO: VIAJE VITAL CON DESTINO FELICIDAD - Canal Hablamos

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20 agosto 2020

LLÉVAME HASTA EL CIELO: VIAJE VITAL CON DESTINO FELICIDAD

 


Tras un duradero Estado de Alarma, un férreo confinamiento y una progresiva desescalada, la normalidad parece estar volviendo a nuestras vidas. Una prueba fehaciente es el retorno de los espectáculos teatrales en vivo, como el que nos ocupa. La cultura ha servido de bálsamo emocional en estos meses complicados y puede ser la autopista necesaria para llevarnos a recuperar nuestro estadio de vida anterior. La primera parada es la terraza del Teatro Galileo. ¿Me acompañan?


La vida carece de sentido. Tu círculo más próximo te ha abandonado, o lo que es peor, traicionado. Sentimientos de rabia, rencor y venganza recorren tu mente y estás dispuesto a cualquier cosa; así transcurre la vida de Marcelo (Luis Mottola), hasta que un encuentro fortuito en un ascensor con una enigmática y misteriosa mujer, Ángela (Lolita Flores), puede trastocarlo todo. Un inesperado fallo mecánico deja encerrado a ambos personajes durante unas horas. Tiempo suficiente para entender la presencia de ambos, reflexionar sobre su pasado y presente, descubrir un universo mágico y, quien sabe, si cambiar sus vidas para siempre.


En una primera pincelada estamos ante una obra de apariencia banal, sencilla, donde dos personas quedan atrapadas en un ascensor y no les queda más remedio que conocerse. El componente novedoso o imaginativo, por tanto, no resalta por ingenioso. Muchas obras cinematográficas, literarias e incluso teatrales han usado este recurso; bien de forma central o como gancho para el desarrollo de la acción. Sin embargo, como también ocurre en la vida real, la primera impresión no siempre es la correcta.


El filólogo, periodista y escritor, Nacho A. Llorente, está al frente de la dirección y adapta al teatro su propia novela. Como explicaba, quedarse atrapado en un ascensor es una herramienta usada por autores y escritores desde el comienzo de siglo, aunque ello no invalida poder seguir haciéndolo; la cuestión pertinente es para qué fin. Aquí es donde la pluma de Llorente adquiere esencia propia y, junto con otros elementos paranormales, cómicos, emocionales e introspectivos le llevan a firmar una obra entretenida, impactante, en ocasiones claustrofóbica, inteligente, actual e ideal para los tiempos presentes.



Considero interesante detenerse, sin destripar nada, en el componente psicológico de la obra y en la forma de trasponer al libreto – por parte de este dramaturgo, experto en comunicación asesor y coach– la complejidad de las reacciones y relaciones humanas en momentos límites, como quedarse atrapado entre cuatro paredes. Analogía casual experimentada por todos nosotros en los últimos meses. Dicho de otro modo, las conversaciones vacuas, superfluas e impostadas van dando paso a reflexiones más profundas enraizadas con la vida de los dos personajes. Una llamada de atención, quizá, a detener nuestro ascensor vital y reflexionar cuál es el destino final de nuestro trayecto. Reflexiones personales a parte, el uso de elementos sobrenaturales, las referencias constantes a estrellas del cine americano, las píldoras cómicas y la unión de todos los factores mencionados son, sin duda, otros de los aciertos de esta representación.  


Llévame hasta el cielo es dirigida por en el archiconocido actor, guionista, dramaturgo y escritor Juan Carlos Rubio. Su experiencia teatral le lleva a que la función fluya desde el inicio e incluso los diálogos más extensos sean percibidos como naturales. La principal y obvia dificultad en esta representación es la escasez de elementos en la acción para apoyar o complementar la actuación del reparto, pero en ningún momento se echan en falta. Sí hubiera sido interesante haber potenciado más la sensación de claustrofobia, la incomodidad o los deseos de huir desde un aspecto más dramático, siendo consciente que la obra transita en el terreno del humor. Otro aspecto esencial dominado a la perfección por Rubio (Juntos, La culpa, Muñeca de porcelana, Grandes éxitos) es facilitar la conexión entre los protagonistas, fortalecer su relación y hacer que el público sea un ocupante más en el ascensor. Objetivo conseguido.


La relación profesional entre actor y actriz viene de lejos, ambos formaron elenco en Fedra, Prefiero que seamos amigos y La fuerza del Cariño, cuya gira continúa. Una virtud que no pasa desapercibida por el buen entendimiento sobre el escenario y que, sin duda, facilita la compenetración entre ambos; más necesaria aún en una obra donde el cambio de roles será esencial.


Luis Mottola da vida a Marcelo, un hombre desnortado y decidido en matar a su mujer y a su mejor amigo de la infancia para después saltar desde su lujosa azotea y terminar con su vida. Un personaje con apariencia de fortaleza y seguro de sí mismo, pese a la desesperación que le invade. Este actor ya es un nombre y rostro conocido de la televisión, cine y teatro de nuestro país, con decenas de obras a sus espaldas. En esta ocasión, interpreta de forma sensacional los deseos enfermizos de su personaje y su tormentosa vida. Las variaciones de registro son correctas y destacaría, por sobresaliente, la facilidad por el cambio de tesitura vocal acompañado de una marcada gestualidad necesaria para los cambios en su personaje.



La extraña mujer, de carácter insondable y mística, es interpretada por la polifacética actriz, cantante y ahora productora Lolita Flores. Antes de analizar su actuación, quiero resaltar su valentía y amor a su profesión por crear ad hoc “Lerele Producción” y así llevar esta obra a los escenarios, ahora en el Galileo y posteriormente en Luchana. Dicho lo cual, la incombustible Flores vuelve a demostrar por qué es un todoterreno escénico al aportar seriedad y comicidad en función del momento, siendo incluso ambas compatibles. Su personaje es vanidoso, engreído, pretencioso y con aires de grandeza, transformado todo ello por la actriz en donosura, gracia y donaire.  


Todos los aspectos (técnicos, escenográficos y direccionales) deben funcionar a la perfección en cualquier representación teatral. No descubro nada nuevo. Recalco este hecho porque el primero de ellos, el técnico, es especialmente importante cuando la representación se realiza al aire libre con factores atmosféricos difícilmente controlables y con la correspondiente distancia interpersonal de seguridad. No hubo problema alguno por la profesionalidad de todo el equipo, como la luminotecnia a cargo Lucas García, el hilo sonoro creado por Guillermo Furiase o la ingeniosa y sugerente voz en off al principio del espectáculo con voz de Elena Furiase. Por otra parte, la construcción escenográfica es clave en esta representación, al ser el único espacio usado por los protagonistas. La decisión de César Recuenco, al frente de este cometido, de apostar por un espacio amplio y diáfano es sin duda un acierto, tanto es así que los mismos personajes lo reconocen en su texto.

 

Un fatal y fortuito encuentro será la excusa para unir a una enigmática mujer y a un hombre desesperado y disfrutar de un tándem sobresaliente en un místico y sanador viaje con una única premisa: Llévame hasta el cielo.


Alberto Sanz Blanco

Periodista 

 

Dramaturgia: Nacho A. Llorente

Dirección: Juan Carlos Rubio

Reparto: Lolita Flores y Luis Mottola

Ayudante de dirección: Pedro Morales

Gerencia y regiduría: Javier Zapardiel

Escenografía: Césa Recuenco, DRAO Producciones

Luminotecnia: Lucas García

Música: Guillermo Furiase

Producción ejecutiva: Dolores González Flores

Colaboración especial: Elena Furiase y Álex Biehler

Management: Mucho Arte Management – Elena Lázaro

Producción: Lerele Producción

Lugar: Teatro Infanta Isabel (Calle del Barquillo, 24, 28004)

 

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