SUEÑOS DE UN SEDUCTOR: EL AMOR COMO FENÓMENO COMPLEJO TEATRAL - Canal Hablamos

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25 agosto 2020

SUEÑOS DE UN SEDUCTOR: EL AMOR COMO FENÓMENO COMPLEJO TEATRAL

 


Resulta sanador regresar al teatro después de un férreo confinamiento, respetando las consabidas recomendaciones sanitarias, y disfrutar de arte en directo. En estos tiempos donde el relativismo parece estar de moda, ser el apriorismo el principal método de conocimiento y diluir las personalidades por absurdas modas pasajeras se agradecen obras teatrales capaces de hacernos reflexionar sobre quiénes somos y cómo nos gustaría ser percibidos por los otros. Si desean profundizar sobre este y otros planteamientos aderezados con humor y cine clásico pueden acudir a la sala Lola Membrives del Teatro Lara.


La compañía Paso Azorín Teatro, dirigida por Ramón Paso, lleva a los escenarios un clásico teatral de Woody Allen, posteriormente convertido en película, donde conocemos la triste y  desgraciada vida de llan Fix (Cesar Camino), un cinéfilo depresivo tras su reciente divorcio con Nancy (Inés Kerzán); cuyo matrimonio a su juicio: “le faltaban risas y sobraban películas”. Como terapia, recibe la ayuda de su mejor amigo, Dick (Jordi Millán), y de la esposa de éste, Linda (Ana Azorín) para encontrar otra mujer capaz de suplir su vacío amoroso. Entre medias aparecerá una encarnación de Humphrey Bogart (Sergio Otegui) para dar su peculiar visión de los acontecimientos y condicionar sus actuaciones. Quizá nadie esperaba que terminara por enamorarse de su mejor amiga.


Siempre que analizo una obra de Woody Allen, me viene a la mente la escena de su película Annie Hall traducida al español como Dos extraños amantes, cuando en la fila de entrada al cine, un profesor universitario teoriza de forma libre y errónea los postulados de la comunicación del teórico McLuhan, hasta que el personaje interpretado por Allen le presenta al mismo McLuhan y este le abronca de la desfachatez de pontificar sobre su persona y obra sin el más mínimo conocimiento.  Partiendo de esta escena, no seré yo quien quiera imponer o sentar cátedra ni de la obra primigenia ni de esta adaptación, pero sí destacar algunas de sus esencias que le han llevado a convertirse en uno de los mejores directores.


En sus trabajos, este incluido, muestra su fascinación por el sexo (en todas sus fases y variantes), el amor no correspondido, su negación y existencia de la realidad y la muerte (como salida errónea de los problemas). En definitiva, temas vitales con enorme carga psicológica envueltos en un humor punzante, irónico incluso hiriente (no debe olvidarse su faceta como monologuista). La forma de construcción de los personajes también es esencial en sus obras, son arquetípicos de formas de ser y comportarse, así como la profundidad de los mismos; algunos de ellos atormentados psicológicamente o con adicciones. Con estas pinceladas invito a los espectadores a estar atento a las peculiaridades de cada personaje y extraer sus conclusiones.


El título original de la obra es Play it Again, Sam (tócala otra vez Sam), en referencia a la celebérrima frase de la película Casablanca atribuida al personaje interpretado por Ingrid Bergman, pese a no decirla en realidad. De nuevo, invito a estar pendiente al espectador en el momento de pronunciarla por parte del protagonista. La obra, también es conocida como Aspirina para dos dirigida por Ángel F. Montesinos con adaptación del mismo Juan José Arteche y representada hace justo cuarenta años en el teatro Marquina.  


En cualquier obra extranjera la figura del traductor es esencial así como trabajar de forma conjunta con el adaptador. La primera labor corresponde al reciente fallecido Juan José Arteche, un nombre propio de la traducción y  adaptación de obras, más de 250, gozando, todas ellas, de éxitos indiscutibles. Como nos tiene acostumbrados solo queda felicitarle, aunque sea a título póstumo,  y desear que las nuevas generaciones le tengan presente. Junto a él, le acompaña Ramón Paso en la adaptación. Como suelo repetir en mis críticas son dos los principales propósitos en esta esfera: ser fiel a la obra original y, a su vez, aportar un sello particular o único. Ambos cumplidos a la perfección por este tándem radiante de genialidad.


Además de las características antes expuestas, en Sueños de un seductor podemos apreciar de forma clara el concepto de nostalgia, en sentido amplio, y más concretamente ceñido a lo cinematográfico. Cuando vemos una película que nos impacta de forma positiva solemos evocarla e incluso adoptar la forma y modo de comportamiento del protagonista. Algo similar le ocurre a nuestro personaje, reflejado de forma sobresaliente por Arteche y Paso. En la misma línea, son evidentes las referencias constantes a clásicos del cine norteamericano tanto en los diálogos como en el devenir de la trama. En el terreno cómico, también reproducen los gags y las situaciones más hilarantes sin necesidad de una adaptación clara a la realidad europea. Lejos de ser un defecto, podría serlo en otras obras, me parece un acierto al, en primer lugar, entenderse de forma perfecta todas las variantes y giros y, en segundo lugar, no perder el marco estadounidense ni el aire neoyorkino.


La dirección también recae en Ramón Paso, a mi juicio uno de los directores más prolíficos y solventes del teatro español actual. Resulta complicado llevar la cuenta de sus obras y más concretamente las representadas en el Teatro Lara; tiene el abono de la genialidad. El director madrileño (Lo que mamá nos ha dejado, El Reencuentro, La importancia de llamarse Ernesto o Las leyes de la relatividad aplicadas a las relaciones sexuales) implementa con exquisitez, delicadeza, fluidez y frescura todo lo anteriormente mencionado, sumerge la obra en el terreno del humor, potenciando la comicidad, y consigue depurar la frivolidad y superficialidad del protagonista con respecto a la obra primigenia.


Puede resultar tópico, pero la temática y estructura de esta obra están muy relacionadas con el director y la compañía. Como tiene acostumbrado a su público, sus montajes están construidos en planos paralelos, incluso con doble temática, Otelo a Juicio. En esta ocasión, la trama es la misma pero sí hay un juego con los tiempos (algunos personajes quedan detenidos mientras otros conversan). Debido a su experiencia, la puesta en práctica es sobresaliente y se sirve de la técnica del flashback y de pequeños apartes, individuales y dobles. Estoy convencido que la suma de estos factores incrementa la atención de los espectadores, su nivel de interés, el carácter reflexivo (la lucha interior entre el deber ser y el querer ser) y, en definitiva, enriquece la obra.


Reconozco que tenía cierto temor en la interpretación del reparto, no por su solvencia escénica, pero sí por un encasillamiento previo al haberlos visto en multitud de obras anteriores. Como podrán imaginar, los temores fueron infundados porque todo el elenco representó con maestría su papel sin perder su toque personal que ya les hace únicos.


Los ojos de los espectadores se posan sobre llan Fix, el hombre desnortado y triste por el abandono de su mujer, a quien da vida un sensacional Cesar Camino. Los novicios al teatro probablemente le recuerden por sus sonados papeles en decenas de series televisas (Agitación + IVA, Hospital Central, La tira…) aunque sus papeles en teatro cada vez son más numerosos. En Sueños de un seductor, podemos hablar, quizá, de uno de los más complejos al ser un personaje peculiar, con rasgos psicoides, enfermizos y con una distorsión cinematográfica de la realidad. Sus aptitudes en comunicación no verbal le permiten potenciar estas características con una gestualidad facial y corporal arrolladoras y con movimientos histriónicos medidos pese a parecer desbordados; rasgo, por cierto, que prácticamente va indisociable a muchos de sus personajes.  Otra de las dificultades de dar vida a un solitario obseso por suplir su vacío amoroso es la dominación del personaje por parte del actor. Tal y como establece la teoría de las emociones-tareas formuladas por Franco Ruffini, incluso si el personaje está completamente fuera de control, el actor debe dominar la situación en todos los niveles. Algo logrado con creces por Camino.


La arrolladora Ana Azorín da vida a Linda, la mujer de su mejor amigo de la que llan terminará enamorándose. Su personaje, ligado a su actuación, va in crescendo  con el paso de los minutos, lo que le permite modelarlo e ir extrayendo de él sentimientos de forma progresiva. Faceta poco conocida de esta actriz al relacionarla con papeles más explosivos. Resulta bello, teatralmente hablando, el clima creado entre este personaje y el anterior; traducido en una exquisita interpretación entre ambos.


El marido de Linda es interpretado por Jordi Millán, en sustitución de Carlos Seguí, quien se viste de empresario desastroso y agobiado, a partes iguales,  sin poder despegarse del teléfono fijo para estar comunicado en todo momento. El papel de  Millán, otro nombre fijo asociado a esta compañía con papeles anteriores en Otelo a Juicio, La importancia de llamarse Ernesto o Las leyes de la relatividad aplicadas a las relaciones sexuales, transcurre en dos dimensiones: la laboral y la sentimental, siendo ambas decisivas en el desenlace. En la primera quizá peca de aportar excesivo entusiasmo a un personaje ahogado en el tiempo, aunque termine por resultar gracioso, sentimiento que inyecta en la segunda de sus facetas, la sentimental. En esta última está sobresaliente y tanto actor como personaje pueden vibrar y dar un golpe de efecto.


Por su parte, Inés Kerzán se viste de Nancy la mujer soberbia que abandona al protagonista. En el plano primario de la trama su papel no destaca demasiado, pero a medida que avanzan las escenas, estructuradas en actos, reviste importancia como complemento de la acción. Esta actriz borda personajes oníricos de apariencia frágil y sus entradas y salidas aportan un carácter cíclico a la representación. La última de las ‘Chicas Paso’, si me permiten la analogía, es Ángela Peirat, quien da vida a las múltiples mujeres que pasan por la vida del protagonista –desde una ninfómana empedernida, una cándida e ingenua estudiante hasta una crítica de arte–. Peirat vuelve a demostrar su facilidad para el cambio de papel, su rol camaleónico y desenvoltura natural para la actuación.


El personaje más misterioso es el interpretado por Sergio Otegui, al representar al mismo Humphrey Bogart, como homenaje y guiño claros al largometraje de Michael Curtiz. El actor madrileño con enorme experiencia en teatro y series televisivas imprime tranquilidad, sosiego y marca el ritmo del segundo de los planos de la acción. Su actuación, al igual que el rol de su personaje, aporta madurez y seguridad al espectáculo, un aire sensorial y termina de apuntalar el carácter reflexivo de la obra.


La escenografía es escasa pero funcional y correcta al continuar con el hilo místico y simbólico de la representación. El diseño de vestuario, a cargo de Inés Kerzan y Ángela Peirat continúa por la misma línea. Cabe destacar el empleo de la gabardina como escudo sentimental y el fedora (sombrero flexible y de ala corta) clásico de los detectives que nos terminan de introducir en el universo neoyorquino bogartiano. El juego de luces, creado por Carlos Alzueta, es el termómetro de la realidad y la ficción y del presente y pasado. En definitiva, esta adaptación huele a Woody.


“El amor es un fenómeno muy complejo”, sentencia llan. Tanto como para ser el tema central de la obra, el principal elemento de reflexión y el motor de nuestras vidas. En nosotros está descifrarlo y saber disfrutarlo.

 

En Sueños de un seductor recordarán la historia de este clásico, disfrutarán de esta genial adaptación y puesta en escena, mientras reflexionan sobre el ser y el querer ser de sus vidas

 

Alberto Sanz Blanco

Periodista


Autor: Woody Allen

Versión: Juan José de Arteche y Ramón Paso

Traductor: Juan José de Arteche

Director: Ramón Paso

Iluminación: Carlos Alzueta

Espacio escénico: PasoAzorín Teatro

Diseño de vestuario: Inés Kerzan y Ángela Peirat

Reparto: César Camino, Ana Azorín, Jordi Millán, Sergio Otegui, Inés Kerzan y Ángela Peirat.

Lugar: Teatro Lara (Corredera Baja de San Pablo, 15, 28004)

Contacto: https://www.teatrolara.com/programacion/suenos-de-un-seductor/

 

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