EL TIEMPO TODO LOCURA: UN PRESENTE TEATRAL COMO CONSECUENCIA DEL PASADO - Canal Hablamos

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08 septiembre 2020

EL TIEMPO TODO LOCURA: UN PRESENTE TEATRAL COMO CONSECUENCIA DEL PASADO

 



Cuántas veces habremos soñado con variar el transcurso de las cosas. Regresar al pasado y cambiar alguna acción o comportamiento. Impedir que alguien hiciera algo una vez conocidas las consecuencias. Como eso aún no es posible, la magia del teatro nos permite recrearlo en la Terraza del Teatro Galileo. A jugar.


El dramaturgo y director Félix Estaire nos invita a conocer la vida de tres hermanos (Silvia de Pé, Camila Viyuela, Verónica Ronda/Ángel Ruiz), apenados por la muerte de un ser querido. Con el fin de remediarlo, confiarán en unas pastillas de herbolario para viajar al pasado e intentar romper la cadena de acontecimientos que provocó este trágico suceso. La teoría parece sencilla pero una vez que el espacio-tiempo ha sido alterado ¿la vida puede transcurrir igual?, ¿Seremos nosotros y las demás personas las mismas? Estas son algunas de las preguntas que nos plantea una representación donde el público decide qué papel interpreta cada actor y actriz.


Recién arrancada la nueva temporada teatral, con las consabidas limitaciones, al espectador se le abre un amplio abanico de obras de todas las temáticas posibles. Comedias, dramas y musicales conviven y compiten por ser los elegidos. No obstante, gracias al avance de este arte y a la fusión de algunas de las categorías primigenias, no es necesario decantarse por una u otra; pues esta representación lo tiene todo. Esta es la propuesta de Estaire – intérprete en más de 30 montajes y al frente de alrededor de otros 25– “apostar en serio por la comedia y por el juego”. El resultado es más que satisfactorio.


Estamos, por tanto, ante una obra de apariencia cómica, de base ficcional y donde lo dramático convive con lo existencial.  Mientras la visionaba, aprecié muchas características de este tipo de teatro con componentes psicológicos –caracterizado por el desasosiego, angustia y pesimismo vitales de los protagonistas al no alcanzar sus deseos–; incluso los mismos actores mencionaron a uno de los máximos artífices del teatro existencialista, Antón Chejov. Todo ello me lleva a calificar el texto de Estaire –Licenciado en Dirección de Escena y Dramaturgia (RESAD) y con un Máster en Teatro y Artes Escénicas (UCM) – de sobresaliente, al haber sabido jugar con los tiempos físicos y teatrales, invitarnos a la reflexión sobre el presente y pasado de nuestras vidas, moldear la trama con giros inesperados y proponer un final sanador tanto para los personajes como para los presentes.


La dirección también recae en Félix Estaire (Miguel de Molina al desnudo, Rapsodia para un hombre alto (CDN) o La comedia del fantasma de Plauto estrenada en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida) quien sabe sortear las muchas dificultades de un libreto tan delicado. La primera y gran regla de la dirección es que el espectador entienda, aunque no comprenda, lo representado en escena. Este punto adquiere relevancia por los continuos saltos espacio-temporales. En líneas generales, desde mi óptica, este propósito es alcanzado aunque en el nudo de la acción haya una excesiva reiteración de los acontecimientos.


El tiempo todo lo cura, producido por La Zona, es un ejemplo del buen uso e implementación de herramientas teatrales como el introito, la analepsis o flashback, el aparte, la fusión entre el monólogo y el soliloquio y los cambios de narrador. De hecho, a diferencia de otras obras estos recursos son centrales y necesarios para entender y comprender la acción. Hubiera sido deseable enfatizar las dos últimas para potenciar el carácter místico y cíclico de la representación. Si jugamos con los tiempos resulta interesante saber qué visión tiene cada personaje de un mismo hecho y cómo varía –cambio de narradores– y cómo es transmitida –bien como una enunciación en voz alta de los pensamientos (monólogo) o como una exteriorización de lo discurrido en la conciencia (soliloquio). Valoraciones personales a parte, el acierto global puede ser imputado por un lado a Estaire  y por otro al reparto por su exquisita ejecución.



No descubro nada si afirmo que la compenetración del elenco es fundamental en cualquier representación, pero lo es más aún cuando las acciones de los protagonistas provocan sentimientos que cambian la forma de ser y comportarse de los otros.  Este análisis entronca con el subtexto, entendido como todo aquello que está por debajo del personaje teatral, al significado profundo y que da sentido al papel interpretado y, en definitiva, responde al “por qué”. Una de las preguntas formuladas, precisamente por los protagonistas. Esta categoría teatral, el subtexto, se complementa con dos de las esencias de esta representación: la elección por parte del público del papel que interpretará cada artista y el concepto de comedia unisex, donde la pieza pueda ser interpretada por mujeres, hombres, personas transgénero o por un reparto mixto de todos los géneros. Dificultad que implica saberse el papel y la forma de interpretación de todos los personajes. La implementación de este sustrato teatral unido a la arbitrariedad de roles por parte de los presentes resulta altamente complejo, pero los tres actores lo hacen fácil y brillan con luz propia.


No tiene demasiado sentido analizar profusamente la actuación de las tres actrices, puesto que en cada papel van implícito unas características propias; pero sí mencionar algunos rasgos destacables. Silvia de Pé, con más de medio centenar de papeles teatrales a sus espaldas y otros muchos en cine y televisión, destaca por su seguridad y corrección, aunque su personaje entre en pánico, cólera o desintegración, esta actriz de dilatada formación consigue contenerlo físicamente porque su explosiva gestualidad facial y corporal la delata. Por su parte, Camila Viyuela, conocida por sus papeles en cine (Toc Toc) y series televisivas (Matadero, Olmos y Robles o Acacias) supone un revulsivo cuando la acción parece dormitar, tanto sobre el escenario por su fortaleza artística como por la forma de recitar su texto. En sustitución a Ángel Ruíz, la polifacética actriz, bailarina y cantante Verónica Ronda desprende tranquilidad y mesura y consigue relajar la representación en los instantes más tensos.


Prestamos poca atención al diseño gráfico, pero las fotografías del gran Javier Naval  y la portada de la obra esconden muchos secretos de la acción. Y hasta aquí puedo leer. Luis Abad, al frente de la técnica, controla que todo salga a la perfección o dicho de otro modo si me permiten la chanza, que los trayectos espacio-temporales al pasado lleguen a buen término. Contar con Javier Alegría  para la iluminación es sinónimo de éxito y con los cambios y degradados ayudan a que el espectador viaje. Un viaje introspectivo que cada uno puede emprender cuando termine el aplauso final.

 

El presente teatral es diluido en el pasado en el juego propuesto por esta imaginativa comedia ficcional y unisex interpretada de forma múltiple e intercambiable con este mensaje: El tiempo todo locura

 

Alberto Sanz Blanco

Periodista


Autor: Félix Estaire

Director: Félix Estaire

Reparto: Silvia de Pé, Camila Viyuela, Verónica Ronda, Ángel Ruiz

Diseño Escenografía y Vestuario: Almudena Bautista

Diseño de Iluminación: Javier Ruiz de Alegría

Música: César Belda

Video: Rubén Hernández

Ayudante de Dirección: Paca López

Ayudante de Producción: Sara Brogueras

Producción Ejecutiva: Jair Souza-Ferreira

Dirección de Producción: Miguel Cuerdo

Dirección técnica: Luis Abad

Diseño Gráfico y Fotografía: Javier Naval

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