PARA HACER BIEN EL AMOR HAY QUE VENIR AL SUR: LA EXPLOSIÓN MUSICAL DE MADRID - Canal Hablamos

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11 octubre 2020

PARA HACER BIEN EL AMOR HAY QUE VENIR AL SUR: LA EXPLOSIÓN MUSICAL DE MADRID



Rompedora. Liberal. Explosiva. Visionaria. Adjetivos atribuibles a Raffaella Carrá una de las grandes cantantes, actrices y bailarinas italianas con fama mundial. Su legado musical llega hasta nuestros días y personas de todas las generaciones continúan tarareando sus canciones. Ahora, gracias a la valentía de Jesús Cimarro, director de Pentación Espectáculos y de todo el equipo, es posible rendir el homenaje que se merece en el Teatro La Latina.


Como si de una utopía se tratara, Ricard Reguant, autor y director de la representación, nos invita a conocer a “Ella”, una guionista que debe entregar un libreto de una historia basada en las canciones de Raffaella Carrá, en menos de dos horas. Para esta difícil tarea contrata a “Él”, encargado de materializar sus ideas. Ambos construirán un relato donde tres mujeres diferentes, unidas por un mismo patrón, serán las protagonistas y tendrán un sorpresivo y diferente final para cada una. “Ella” y “Él”, sin ser conscientes, irán construyendo una obra musical donde el desenlace entre la escritora y su ayudante traspasará la barrera profesional, porque en el amor todo es empezar.

Hacer un musical en tiempos de pandemia tiene su valor -pese a la seguridad que da como espectador el cumplimiento estricto de todas las medidas sanitarias, con el programa de mano en los asientos con código QR- y lo tiene también basarlo en uno de los grandes iconos de la música europea. Haciendo un ejercicio de síntesis hay dos principales vías para plantear esta obra: un musical biográfico donde a través de sus canciones se repase la vida de la artista, mediante enfoque directo, o utilizar su discografía como leitmotiv para crear un relato ficticio. Ambos métodos son perfectamente válidos y Reguant, dramaturgo, guionista, director de cine y realizador televisivo catalán, opta por el segundo.



Una vez llegados a este punto, la siguiente decisión es la forma de articular el relato y el director especialista en género musical (Chicago, Mortadelo y Filemón, el musical o Grease) se decanta por el carácter metateatral (crear una obra musical dentro de un musical). Esta apuesta es poco novedosa y la hemos visto en multitud de espectáculos de todos los géneros incluido musicales (Nine, Viva Brodway 3 o Viva Broadway, el musical); sin embargo, el valor añadido es la agudeza e inventiva en la construcción de las historias de los personajes, su articulación y mezcla y, por último, su final resolutivo. En un primer momento, las tramas y subtramas parecen estériles e inconexas, pero a medida que avanza la acción, surgen los conflictos, van solucionándose y todo adquiere sentido. Dicho de otro modo, detrás de cada relato intrascendente hay una problemática de plena actualidad. Es aquí donde las canciones de Raffaela, adquieren su pleno sentido. En definitiva, Ricard Reguant demuestra una enorme inteligencia y construye un musical vistoso, agradable y divertido, regado de innumerables momentos cómicos y que desprende Felicidad Da Da.  


Reguant se desdobla de su faceta como dramaturgo y está al frente de Para hacer bien el amor hay que venir al sur. Su trabajo es solvente y sabe dar forma escénica a lo comentado anteriormente. Supone un acierto la inclusión de apartes, la ruptura de la cuarta pared y la representación de escenas paralelas separadas por una barrera invisible. En definitiva, implementa de forma correcta el carácter metatetral antes descrito. De nuevo, el director se decanta por el terreno cómico para conducir las historias de las protagonistas y nos deja ingeniosos juegos de palabras, hilarantes gags y pinceladas de humor absurdo; pues algunas escenas pueden parecer repetitivas o forzadas pero en la obra, como conjunto, tienen sentido. Por último, en el plano direccional, las entradas y salidas de los artistas son limpias a excepción de alguna brusquedad, por exigencias del libreto.


Como es evidente, el aspecto musical es el elemento diferencial de la obra. Al frente de este cometido está Ferrán González, quien realiza un excelente trabajo de investigación.  Este actor, y compositor de diversas partituras para espectáculos familiares, sumando ya más de 30 obras, (cinco de las cuales han sido nominadas a los premios MAX) pone a disposición del público las canciones más conocidas de la artista y las combina con otras quizá no tanto. Sin embargo, la mayor dificultad reside en amoldar las letras de las canciones a la trama de la obra. Objetivo logrado con creces e imputado al trabajo conjunto de ambos directores. En este sentido, y aunque no sea el objeto de esta crítica, vale la pena reflexionar mínimamente sobre las letras de las canciones de Raffaela porque son un canto a la libertad, a la fortaleza, al destierro de prejuicios y a vivir el presente. Esto se traduce en que el público va a cantar y contonear su cuerpo desde la butaca con dieciséis canciones como la que da nombre al título, “¡Qué dolor!”, “Fiesta”, y “En el amor todo es empezar”, en  este repaso profuso e inteligente de su discografía. Hablando de la artista, si por algo es recordada en el escenario es por sus movimientos secos, su fortaleza unida a la sensualidad y su desafío a la censura con su ombligo. La encargada de replicarlo, es la actriz y bailarina Cuca Pons. Esta maestra nos regala coreografías grupales, expresivas y distributivas de aparente facilidad pero compleja técnica, que sin lugar a dudas clava a la artista.



Los encargados de materializar el libreto y las canciones son las cinco actrices y los tres actores con una ejecución que roza el sobresaliente y ataviados con un colorido y atrevido vestuario de época elegido por el figurinista y diseñador Juan Ortega. Todos demuestran un alto nivel interpretativo que supera el musical. 


Patricia Arizmendi se convierte en la maestra de ceremonias en su papel de escritora y desborda por su carácter afable, seguridad y firmeza. Raquel Martín interpreta a Marga, secretaria eficiente enamorada de su jefe, Lucas, el cual desaparece misteriosamente cuando decide irse con sus amigas a pasar unos días al sur. Martín borda a un personaje sencillo e inocente y desprende dulzura y bonhomía. Marta Arteta aporta fortaleza y vigor como Lola, enamorada del baile y desilusionada con los hombres y el amor. Por su parte, Tania Déniz da vida a Rosa, de profesión sus labores y casada con un hombre que la engaña constantemente. Déniz torea a un personaje mojigato con un cambio de actitud al final de su viaje al sur. Miriam Queba es sabrosura y torbellino con un papel nacido detrás de un armario. En el reparto masculino, Mikel Hennet interpreta al ayudante de la protagonista y demuestra su solvencia en el género musical por su voz y correctos movimientos. Javier Enguix se viste de Lucas, el jefe plurilingüe, y nos regala los momentos más divertidos de la función con sus geniales gags. Por último, Javier Toca aporta ritmo, alegría y ligereza y destaca por su flexibilidad.


La fiesta es iluminada por el maestro Luis Perdiguero, con sus característicos y oportunos cambios angulares lumínicos, con sonido desigual, luego corregido, de Ricardo Gómez y Jorge Gómez y con una escenografía funcional y ochentera. Hubiera sido interesante hacer uso de la videoescena como complemento de la acción o como ayuda para recrear los paisajes y la cultura del sur. Cabe destacar el popurrí final y explosivo como colofón de esta fiesta musical. Sea como fuere, hay una cosa clara: Para hacer bien el amor hay que venir al sur.

 

Para hacer bien el amor hay que venir al sur es un tributo a las canciones y carisma de Raffaela Carrá en un musical divertido, alegre y cargado de ritmo

 


Alberto Sanz Blanco

Periodista

  

Texto y dirección: Ricard Reguant

Dirección musical: Ferrán González

Reparto: Patricia Arizmendi, Marta Arteta, Raquel Martín, Tamia Deniz, Miriam Queba, Mikel Hennet, Javier Enguix y Javier Toca

Coreografía: Cuca Pon

Diseño de iluminación: Luis Perdiguero

Diseño de sonido: Ricardo Gómez y Jorge Gómez

Técnico de iluminación: Javier Arnedo

Técnico de sonido: Laura Cabezas

Escenografía: Pablo Almeida y Gonzalo Buznego

Vestuario: Juan Ortega

Director de producción: Juan Carlos Parejo

Jefe de producción: Raúl Pardo

Ayudante regiduría: Jorge Amor

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