LA HABITACIÓN DE MARÍA: LIBERTAD ENJAULADA A PRUEBA DE FUEGO - Canal Hablamos

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12 noviembre 2020

LA HABITACIÓN DE MARÍA: LIBERTAD ENJAULADA A PRUEBA DE FUEGO

 


Desgracias; acontecimientos trágicos que marcan nuestra vida y el no pasar página puede suponer el final de la nuestra. La cultura en general, y el teatro en particular, es una herramienta eficaz para reflexionar o hacer un análisis introspectivo sobre si lo visto en escena puede ocurrirnos también a nosotros. Compartan o no la problemática de la representación les animo a acudir al Teatro Reina Victoria para presenciar una historia de vida interpretada por una de las damas del teatro español actual.


El dramaturgo Manuel Martínez Velasco con la dirección de José Carlos Plaza nos permite celebrar el 80 cumpleaños de la celebérrima escritora Isabel Chacón (Concha Velasco) en la planta 47 de un rascacielos madrileño. Sin ningún tipo de acto público, ni familiar,  la ganadora del Premio Planeta pasa allí los últimos años debido a su agorafobia. La novedad de la noche iba a ser el soplido de las velas pero, de forma inminente, un incendio devora el edifico. Todos los inquilinos son desalojados, salvo la señora Chacón a quien le es imposible abandonar el edificio. Las llamas continúan creciendo y en 75 minutos todo habrá terminado. En ese tiempo la protagonista deberá decidir si afronta con determinación sus miedos, fantasmas y traumas pasados o si las llamas marcan el final de su vida.


La sinopsis de la obra es la primera espita para querer saber más de esta historia y conocer su final. Esta intriga es el primer acierto de Martínez Velasco, autor del texto. El joven dramaturgo, licenciado en Comunicación Audiovisual por la UEM y Diplomado en Dirección de Cine por la ECAM, presenta un texto complejo, profundo, aun fácil de comprender, cargado de emociones y con una gran carga psicológica y vital. La base de este libreto engarza con la categoría teatral del monólogo dramático, pero la comicidad también está presente. Cuántas veces vivimos episodios difíciles y terminamos sentenciando: “Habrá que llevarlo con humor”.


En la amplia cartelera teatral actual, pocas son las representaciones donde un único actor sale a escena. Desde mi óptica, el género monologal dramático es uno de los más complejos al posar todo el peso sobre una única persona y donde la fortaleza de la obra y la habilidad del artista son elementos indispensables para conseguir su éxito.
Martínez Velasco, autor de numerosos cortometrajes y co-autor de series televisivas, cumple con su cometido y roza el sobresaliente. Su texto es complejo y profundo porque bucea sobre historias pasadas de la protagonista que no ha superado y de no hacerlo tendrá consecuencias presentes. Este juego de tiempos es una de las esencias de la representación y, debido a la gran fortaleza del texto y a la enorme claridad, no es necesario emplear la técnica narrativa del flashback.  De igual forma, el libreto combina el monólogo interior con el soliloquio, juega con el carácter metateatal como espejo de su vida–historia y se nutre de silogismos y derivadas mentales de la protagonista. Este hecho es relevante, y bien implementado por el dramaturgo, porque el personaje central no sigue una sucesión cronológica de los acontecimientos sino que de forma locuaz y repentina va narrando informaciones capitales que le conciernen, va relacionándolo con acotamientos presentes y va dotando al relato de lógica narrativa. Un relato en el cual hasta en los últimos compases el espectador no conseguirá descifrarlo.


Martínez Velasco define su obra como una historia “de amor, de felicidad, de tristeza, de vitalidad, de soledad, de angustia y de liberación”, además de un “thriller de catástrofes”. Todos estos ingredientes están presentes; de ahí que mencione la profunda carga emocional y psicológica. Esta última la encontramos en numerosos fragmentos y, en especial cuando se hace referencia a un fiel acompañante de la protagonista. Como afirmó el estadista Robert Schuman: “La libertad asusta cuando se ha perdido la costumbre de utilizarla”. Sin embargo, en lo relativo al thriller, sí eché en falta más angustia con el paso de los minutos, mientras las probabilidades de escapar se agotaban.  


Como ustedes sabrán, no podemos pasar por alto el vínculo materno-filial entre dramaturgo y protagonista como ya ocurrió con El Funeral (2018) tampoco la admiración que siente por José Carlos Plaza, director de la representación. El mismo Manuel Martínez Velasco afirma que “esta obra está escrita para ella (Concha Velasco) porque solo ella podría interpretar a Isabel Chacón y solo él podría dirigir este torrente de emociones, pues yo necesitaba alejarme del lienzo para contemplarlo con perspectiva”. La dirección recae en un referente del teatro español, con más de medio centenar de obras en su haber, con un resultado plausible. La principal dificultad escénica de Carlos Plaza es dirigir a una actriz que permanece sentada a lo largo de toda la representación. Esto le lleva a potenciar la gestualidad facial y corporal y jugar con los demás recursos, que más adelante detallaré. De nuevo, noté poca tensión en los momentos más dramáticos de la obra y una preferencia excesiva por el lado cómico. 


La unión de los tres implicados se proyecta en escena y es canalizada por la gran Concha Velasco. Los grandes artistas, con miles de seguidores, deben mostrar su mejor versión en cada momento, y esta actriz vallisoletana de enorme recorrido en teatro, cine y televisión sabe cómo hacerlo. En esta ocasión, se viste de Isabel Chacón, una aclamada escritora ahora encerrada, como si de una maldición literaria se tratara, en la habitación de un rascacielos azotado por las llamas. Esta encrucijada hará aflorar otras más profundas. La complicación del movimiento, antes mencionada, es resuelta por la actriz con garbo, elegancia y fortaleza. Una muestra más de que el dolor emocional puede ser interpretado y transmitido sin grandes ademanes ni aspavientos. Su personaje tiene momentos de querer romper las cadenas que le atan pero la gravedad parece hacerse más fuerte y le impiden actuar. Sí tiene fuerza para coger el teléfono y dialogar –de forma airada, repetitiva o atenta – con otros personajes, los cuales marcarán su decisión final.  En definitiva, los seguidores de Velasco apreciarán muchos sellos propios y rasgos característicos de la ganadora del Goya de Honor en 2012 y Premio Max de Honor en 2019.


En una lectura más profunda, la actriz protagonista consigue que el espectador pierda su condición de oyente y pase a ser un confidente; se genera, por tanto, una relación de familiaridad y permite que aumente la comprensión de los presentes y fortalezca e intensifique los sentimientos representados en escena. Pocas actrices son capaces de lograrlo, con la tranquilidad, rapidez y efectividad con la que lo hace Concha Velasco.


Cuando el género monologal es híbrido (como en esta dramedia) es interesante la inclusión de otros elementos como la videografía, un decorado vivo o la presencia de otros actores por medio de las tecnologías. Estos complementos son tenidos en cuenta y sirven para agilizar la acción de la obra, otorgar dinamismo y, en definitiva, potenciarla. En el terreno técnico, la construcción escenográfica –a cargo de Paco Leal– destaca por su grandeza, finura y aire bohemio al recrear una habitación con dos estanterías repletas de libros entre dos misteriosas puertas y una mesa de escritorio centro de la acción. La iluminación también corre a cargo de Leal  y su trabajo es fabuloso. Los degradados lumínicos en un ambiente intimista y la preferencia por los colores cálidos ayudan al espectador a terminar de introducirse en el relato. Relacionado con esto, nos encontramos con un uso de videoescena sobresaliente, por Bruno Praena, que recrea a la perfección la voracidad de las llamas y va en consonancia con esa atmósfera lánguida. Un clima de reflexión, de miedos y emociones solo alterado por el estruendoso aplauso final de un público puesto en pie.

 


En esta obra entrarán en un laberinto en llamas de amor, alegría, tristeza y reflexión interpretado por la gran Concha Velasco con un único deseo: abrir La habitación de María

 


Alberto Sanz Blanco 

Periodista


Autor: Manuel M Velasco

Director: José Carlos Plaza

Reparto: Concha Velasco

Lugar: Teatro Reina Victoria (Carrera de S. Jerónimo, 24, 28014)

Contacto: https://www.elteatroreinavictoria.com/obra-de-teatro/la-habitacion-de-maria/

 

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