LOS MOJIGATOS: TERAPIA TEATRAL PARA LA ABSTINENCIA SEXUAL - Canal Hablamos

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17 noviembre 2020

LOS MOJIGATOS: TERAPIA TEATRAL PARA LA ABSTINENCIA SEXUAL

 


“No. No podemos hablar de sexo; quizás alguien puede escandalizarse”. Esta frase ha sido repetida o al menos formulada en multitud de ocasiones y ámbitos, tanto en tiempos pretéritos como presentes por puritanos y defensores de la pureza moral aplicada hasta el ínfimo detalle. Si desean derribar este pensamiento y disfrutar de teatro puro, pueden visitar el Teatro Bellas Artes.


Los clásicos en este arte son como los presocráticos en la Filosofía, sin ellos nada tendría sentido y siempre es oportuno acudir a ellos. El dramaturgo Anthony Neilson, gracias a esta versión y dirección de Magüi Mira, nos invita a conocer a Jaime (Gabino Diego) y Cecilia (Cecilia Solaguren), una pareja con 9 años de buena relación y 14 meses de sequía sexual. Tras varios intentos fallidos, intentarán encontrar una salida a su problema con la colaboración del público y, quizá, encontrar el origen del mismo.


Después de leer esta breve sinopsis, pueden pensar que nos encontramos ante una de las muchas obras teatrales sobre la guerra de sexos, estereotipos de género o manidos problemas sexuales como motor único de acción. Les puedo adelantar, que esta representación va mucho más allá, en forma y contenido, y supone una reformulación del teatro de esta temática. El primer indicador lo encontramos en el dramaturgo Anthony Neilson, uno de los precursores del teatro colaborativo y maestro contemporáneo del género experimental. Su teatro está basado en la interlocución constante con el espectador, en forma de diálogo o monólogo, y en colaboración con los intérpretes. De ahí, que se le considere uno de los pioneros del “In-yer-face theatre” o “Teatro en la cara”, pese a negarlo por considerar que  “Implica un intento de rechazar al público, cosa que yo nunca he querido hacer”. En lo que no hay duda, es en la preferencia de este director escocés por temas como el sexo o la violencia y la forma real, cruda y directa de tratarla. Esta concepción es una línea de debate y discusión en la teatrología y engarza con la categoría de experimental.



Sobre estas mimbres, trabaja Magüi Mira, una todoterreno de las artes escénicas, como directora, dramaturga o actriz y, desde mi óptica, una maestra del teatro contemporáneo. El reto al frente de esta versión y dirección es mayúsculo, por la complejidad formal y de contenido, pese a la apariencia de sencillez, con un resultado sobresaliente. En ambas facetas, consigue fusionar la base primigenia del libreto de temática clásica (simplificando el motor de conflicto) con modernas y actuales técnicas interpretativas, analizadas a continuación. Considero relevante la valentía de llevar a escena una obra donde las relaciones sexuales son tratadas sin tapujos, estereotipos ni demás barreras; así como los abusos sexuales, la masturbación, la pornografía y los traumas asociadas a las mismas.


En el terreno direccional, Mira (al frente de más de una veintena de espectáculos con actores y actrices de primer nivel) pone el foco en el subtexto; entendido como todo aquello que está por debajo del personaje teatral, al significado profundo y que da sentido al papel interpretado; en definitiva, responde al “por qué”. Dicho de otro modo, no es tan importante el qué se dice, sino el cómo o el por qué. Llevado al terreno práctico, sabemos que en las relaciones de pareja, y más en el terreno sexual, lo esencial es conocer el motivo de lo que se dice porque suele ser el motivo de la acción o la falta de ella. Este punto, la comunicación o la ausencia de la misma, es otra de las esencias de la representación y generador de situaciones absurdas y cómicas; pues por encima de toda categoría y subcategoría, el humor sobrevuela sobre los 80 minutos de duración. Tal y como lo define la propia directora, estamos ante “Mucho humor, y a veces también dolor, para una pareja ´en busca del sexo perdido´”.


Todo lo descrito nos vuelve a llevar al teatro experimental, sumado al concepto antes comentado de “teatro en la cara” y definido de forma certera por el crítico teatral británico Aleks Sierz, como “tanto una sensibilidad como una serie de técnicas teatrales” y no como un movimiento o manifiesto donde poder apuntarse. El espectador también podrá observarlo en el ingenioso y abrupto introito, en el juego de disfraces –entendido como máscaras o capas definitorias de una forma de ser o comportarse y atribuibles estereotipos de género–, en las coreografías musicales, en la barrera invisible que separa a los protagonistas y en la forma de traspasarla sin tocarse y, de nuevo, en la relación amistosa y fluida de la pareja de actor y actriz con los presentes. Esto supone un escalón más y podemos hablar de la capacidad terapéutica del teatro.


Los encargados de pasar de las musas al teatro y canalizar todo lo anteriormente expuesto son Gabino Diego y Cecilia Solaguren. Ambos forman un tándem sensacional, representan con soltura y convicción su papel. Su complicidad, comunicación verbal y no verbal es desbordante y rebajan y hacen entendibles las categorías teatrales descritas. Conviene recodar el título de la representación, definido por la RAE como aquel que “muestra exagerados escrúpulos morales o religiosos”, porque sobre esta acepción de mojigato, pese a contener matices, basculan los personajes. Con sus respectivos papeles, quizá el espectador pueda dar contestación a algunas preguntas formuladas por Mira en el programa –antes de mano ahora digital– sobre las líneas rojas de la nueva seducción, la sustitución de viejos códigos caducos, los encuentros sexuales con plenitud en una relación equilibrada y libre y la necesaria negociación de género. Esta último es esencial porque la representación puede definirse, perfectamente, como un tira y afloja entre ambos personajes.


El personaje masculino, Jaime, es interpretado por Gabino Diego, quien se viste –o mejor dicho se desviste– de un hombre atemorizado por mantener relaciones sexuales con su pareja debido a traumas que le afectan a ella. Dicho de otro modo, padece de culpabilidad masculina y su exceso le impide rendir en la relación. Este archiconocido actor de teatro, cine y televisión borda los movimientos de miedo, inseguridad y parálisis propias de una persona angustiada. Su reconocible voz cálida tiñe a su personaje y a toda la representación de ternura, dulzura y delicadeza. Además, sorprende con un emotivo solo musical.


A su lado, le acompaña Cecilia Solaguren, en su papel de Cecilia, una mujer deseosa de satisfacer su abstinencia sexual y dispuesta a todo por conseguirlo. Esta actriz, con más de una veintena de obras a sus espaldas, es un torbellino escénico y otorga agilidad, rapidez y firmeza a la representación y, por descontado, a su papel. De forma indirecta, marca los tempos de la representación y ejecuta con solvencia los apartes con el respetable o como ella los llama “momentos íntimos con el público”. En definitiva, una muestra más de la capacidad sanadora y terapéutica del teatro.


La adaptadora y directora, Magüi Mira, se desdobla y es la responsable del diseño escenográfico y vestuario. Como no podía ser de otro modo en esta variante teatral, apuesta con buen criterio por un espacio escénico diáfano con dos sillones laterales y un biombo central (con la simbología que ello representa). El diseño de iluminación, a cargo de José Manuel Guerra, termina de introducirnos en la estancia donde todo sucede. Los tonos obscuros, los focos cenitales y las sombras proyectadas van construyendo el clima idóneo para llegar al clímax y a un `final feliz`.

 

 

En Los Mojigatos asistirán a una comedia experimental sin censura, dirigida con ingenio y  valentía, interpretada con enorme complicidad y verosimilitud, sobre la sexualidad como terapia sanadora  


Alberto Sanz Blanco

Periodista

 

Autor: Anthony Neilson

Versión y dirección: Magüi Mira

Reparto: Gabino Diego y Cecilia Solaguren

Ayudante de dirección y movimiento escénico: Maria Mesas

Diseño de escenografía y vestuario: Magüi Mira

Ayudante de escenografía: Pablo Menor

Diseño de iluminación: José Manuel Guerra

Espacio sonoro: Jorge Muñoz

Gerente regidora: Rym Belahcene Benet

Sonido: Nuria Prieto Moreno

Luces: Abel Hernández García

Traducción: Lucas Criado

Productor: Jesús Cimarro

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