ESCAPE ROOM: LA HABITACIÓN DE LAS MISERIAS HUMANAS - Canal Hablamos

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01 diciembre 2020

ESCAPE ROOM: LA HABITACIÓN DE LAS MISERIAS HUMANAS

 


Cuatro paredes, una puerta y cuatro participantes. Reglas básicas para participar en un escape room, una dinámica física y mental que consiste en encerrar a un grupo de jugadores en una habitación, donde deberán solucionar enigmas y rompecabezas de todo tipo para salir. Hasta aquí todo parece normal, pero después de ver esta obra en el teatro Fígaro puede que no lo miren igual, porque lo que está en juego es mucho más que lograr escapar.


El pasatiempo de moda salta a las tablas gracias al texto y dirección de Joel Joan y Hèctor Claramunt, quienes nos invitan a pasar 90 minutos con cuatro personajes: Edu (Antonio Molero) quiere presentar a su novia, Marina (Marina San José), a una pareja de amigos, Rai (Leo Rivera) y Viki (Kira Miró); para ello decide llevarles a un nuevo escape room, situado en el barrio madrileño de Lavapiés, donde recientemente y por casualidad se ha hallado el cadáver de un hombre descuartizado en un contenedor. Los cuatro amigos esperan encontrarse con acertijos comunes para encontrar las soluciones, pero en cuanto la puerta de la habitación se cierra herméticamente y comienza la cuenta atrás, empiezan a pasar cosas extrañas. Las pruebas lúdicas pasan a ser personales y las respuestas pueden poner en juego su amistad y relación.


Cada vez resulta más complicado lograr la capacidad sorpresiva del espectador. Los clásicos siguen llenando teatros, pero el target es más limitado y su objetivo diferente, al igual que los musicales, por ejemplo, donde las reglas ya están definidas. La novedad en este arte viene vehiculada por géneros híbridos o subgéneros bien combinados para sacar el máximo partido a cada uno de ellos. Bajo esta premisa, nace la representación que nos ocupa; una comedia de terror innovadora, inteligente y sugestiva generadora de muchas risas y misterio.



El libreto escrito a dos manos, Joan y Claramunt, va más allá de un texto para una representación teatral porque suma múltiples herramientas de artes afines como el cine o series televisivas. No resulta extraño dada la formación de guionista de Hector Claramunt (escritor de la película Cámara Oscura (2004) y actor de numerosos seriales) y Joel Joan (director, actor y guionista de Excuses! (2003) con participaciones múltiples y galardonadas producciones televisivas y cinematográficas). Esta sobrada formación se traduce en un trabajo ingenioso, eficaz y altamente atrayente. El primer punto positivo y más evidente es basar su obra en un acontecimiento lúdico de moda, como son las salas de escape, y utilizarlo como tablero para que cada jugador juegue sus cartas y se exponga tal y como es. En este punto entramos en el aspecto psicológico del juego bien reflejado sobre las tablas. A esto hay que sumarle un relato con subtramas crecientes, generadas en el interior del recinto, con giros argumentales inesperados y aspectos de imperiosa actualidad política y social con una sucinta e implícita crítica. 


La balanza entre la comedia y el terror está bien equilibrada, aunque hubiera potenciado más los momentos de tensión y reducido algunas conversaciones para generar más angustia y sensación de claustrofobia. Este tipo de obras también guarda relación con el teatro inmersivo, y aunque esta en concreto no cumple con sus condicionantes la mera temática sí implica esa relación con los presentes. Incluso, no sería descabellado que en una segunda entrega los espectadores también pudieran ayudar a resolver los acertijos y aportar a la ecuación un teatro plenamente inmersivo y participativo.


Quien mejor que los propios dramaturgos para ponerse al frente de la dirección y plasmar lo anteriormente mencionado. La principal dificultad en la dirección de Joan y Claramunt recae en la limitada movilidad de los actores que es salvada con movimientos rápidos, bruscos y secos para acrecentar los sustos.  La construcción de los personajes, conformada en palabras de los directores como: “conflictos personales con los que nuestro público se pudiera identificar, con unos personajes que no fuesen estereotipos de película de género sino gente más reconocible”, se materializa en una sensación de espontaneidad y verosimilitud, algo complejo de conseguir con tanto acontecimiento extraño. Tanto en la dirección, como en el proceso de creación, es fundamental el carácter cinematográfico, tanto en tiempos (con un cronómetro cuenta atrás), en herramientas multimedia, como en movimientos, bien implementado en todas sus facetas. En definitiva, la obra se nutre de multitud de detalles intercalados e interconectados de forma sobresaliente.



Los méritos anteriores también son atribuibles al elenco, quien representa con solvencia a sus personajes, imprime un toque personal a cada uno de ellos y, sobre todo, exhala humanidad (el último estadio de la espontaneidad y verosimilitud antes descrito). Pese a no estar estereotipados sí cumplen un rol, lo que hace que sean más reconocibles e incremente el carácter cómico de la representación; ayudado sin ninguna duda por el vestuario y caracterización de María Bueno.


El artífice de esta experiencia es Edu, un hombre bonachón y pacífico, a quien da vida un sensacional Antonio Molero. Su nombre viene asociado a conocidas series televisivas (Médico de familia, Los Serrano) y su carisma inunda al personaje. Esto no significa un exceso de buenismo, dado que desencadenaría en una actitud mojigata, algo que en absoluto ocurre. A su lado, Marina San José interpreta a Marina, una mujer inteligente, avispada, de principios sólidos y actitud combativa. Como nos tiene acostumbrados (ya lo hizo en El Test, precisamente con Molero), esta actriz aporta contundencia y firmeza a su personaje pero también a la obra en su conjunto.


La pareja invitada está formada por Ray y Viky, unidos por su pasión cinematográfica y de apariencia feliz. El primero es interpretado por un gran Leo Rivera, quien demuestra ser una vez más un todoterreno escénico en musicales, series televisivas, cine y, por su puesto, teatro (después de su magnífica actuación en Leman Trilogy). En esta ocasión se viste de chico duro, cañero y sabelotodo aunque quizá solo sea una coraza. Rivera se muestra muy cómodo en este tipo de papeles y demuestra seguridad y actitud resolutiva además de facilidad para el cambio de registro. Por último, el personaje femenino es interpretado por Kira Miró, quien da vida a una mujer de escasa inteligencia y comportamiento vulgar. Quizá sea el personaje más encasillado pero sin duda uno de los más divertidos. Esta actriz de enorme recorrido en cine, teatro y televisión sabe mantener su papel sin atisbo de exageración, algo sencillo de caer por el carácter marcado y estridente de su personaje. La evolución a lo largo de la obra sorprenderá a los presentes y es bien conducida por Miró. No podemos olvidar la actuación virtual del actor, bailarín, coreógrafo y productor Ferrán Carvajal; pues es el encargado de dar sentido al juego vital de los protagonistas.


En esta representación el cómo es tan importante como el qué y ahí es donde entran en juego los aspectos técnicos y escenográficos. La construcción diseñada por Joan Sabaté recrea a la perfección una habitación real, así como las pruebas que tienen que superar con una pantalla con cronómetro. La iluminación (Ignasi Camprodón), sonido (Albert Manera) y hasta efectos especiales (Pedro Rodríguez Studio) son sensacionales, generan una atmósfera fría, metálica y lúgubre y ayudan a terminar de introducir al espectador en esta experiencia vital y teatral.

 


Cuatro amigos, un cadáver y un escape room son los ingredientes de una comedia de terror innovadora, inteligente y atrayente donde la risa puede terminar en llanto

 


 Alberto Sanz Blanco

Periodista


Autores: Joel Joan y Hèctor Claramunt

Dirección: Joel Joan y Hèctor Claramunt

Reparto: Antonio Molero, Leo Rivera, Marina San José, Kira Miró y Ferrán Carvajal

Escenografía: Joan Sabaté

Atrecista: Alexandro Stanciu

Iluminación: Ignasi Camprodón

Vestuario: María Bueno

Sonido: Albert Manera

Producción vídeo: Miquel Àngel Raió

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